Conversando con Dios

Los buenos días a Jesús Sacramentado.

¡Oh Jesús mío! Dulce prisionero de amor, heme aquí contigo de nuevo; te dejé con decirte “adiós”, y ahora vuelvo a Ti diciéndote “buenos días.” Me consumía el ansia de volverte a ver en esta prisión de amor para darte mis amorosos saludos, mis latidos afectuosos, mis respiros encendidos, mis deseos ardientes, y toda yo misma para transfundirme toda en Ti y dejarme toda en Ti en perpetuo recuerdo y prenda de mi amor constante hacia Ti.

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El adiós de la tarde a Jesús Sacramentado.

¡Oh Jesús mío! Prisionero celestial, ya el sol está en el ocaso y las tinieblas invaden la tierra, y Tú quedas solo en el tabernáculo de amor. Me parece verte triste por la soledad de la noche, no teniendo en torno a Ti la corona de tus hijos y de tus tiernas esposas, que al menos te hagan compañía en tu voluntario cautiverio.

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Efectos de un Sufragio

 Mientras me encontraba en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma y veía a mi confesor difunto; un pensamiento me ha pasado por la mente:  “Pregunta si aquello que no has dicho al confesor estás obligada a decirlo, y por tanto a escribirlo o no”.  Yo le he preguntado diciéndole qué cosa era y él me ha dicho:

 “Ciertamente estás obligada”.

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Efectos de las oraciones hechas en la Divina Voluntad.

“Hija mía, cuando  el  alma reza  en  mi Voluntad, todas  las  cosas  y  todos  los seres creados ponen atención, suspenden todo,  hacen callar  a  todo,  y  mientras están todos atentos para admirar el acto hecho en la Divina  Voluntad, siguen todos juntos la plegaria; la potencia de Ella llama y se impone sobre todo, de modo que todos hacen la misma cosa.

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