Preparación Antes de la Meditación
Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia, suplico a tu amorosísimo
corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las veinticuatro horas en las
que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma
santísima, hasta la muerte de cruz. Ah, dame tu ayuda, gracia, amor, profunda
compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la hora…
Y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero
en mi intención meditarlas durante todas las horas en que estoy obligada a dedicarme a
mis deberes, o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz
que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo
lo que deseo practicar.
- Hacerse vida de cada persona que lo recibe en la comunión. Quiere vivir en nosotros para transformarnos en Él y darnos su misma vida divina.
- No dejar a sus hijos huérfanos y abandonados después de su muerte. Necesitando del alimento continuo de su Cuerpo y Sangre para crecer en santidad y gracia.
- Defendernos como un ejército formidable de nuestros enemigos: el demonio, el mundo y la carne. Luchar junto a nosotros para vencer toda tentación y no caer en el mal.
- Consagrarse como perpetuo sacrificio de alabanza y reparación ante la Majestad del Padre, en nombre de toda la humanidad. Siendo así nuestro abogado y salvación ante el trono de Dios.
- Quedar como dulce compañero y amigo en los tabernáculos, esperando ansioso cada visita y cada muestra de amor que le llevemos.
- Consumar en nosotros un continuo milagro de amor, con el cual transforma la sustancia del pan y el vino en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
- Nos entrega en prenda su misma vida Divina, escondida bajo las especies eucarísticas, pero realmente presente en ese Santísimo Sacramento del Altar, para que seamos admitidos a ella.
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