Diferencia entre el alma que vive en el Querer Divino y aquella que vive resignada. La 1a es sol y la otra es tierra que vive de los efectos de la luz.

Imagen de Esperanza Melara

Diferencia entre quien vive en el Querer Divino y entre quien está resignado y sometido. La primera es sol, la otra es                                                                                                                    tierra que vive de los efectos de la luz.    Vol.  19- Mayo 31 1926 

La Luz del Divino Querer continúa envolviéndome, y mi pequeña inteligencia mientras nada en el mar inmenso de esta Luz, apenas puede tomar alguna gota de Luz y alguna pequeña llamita de las tantas verdades, conocimientos y felicidad que contiene este mar interminable del eterno Querer, y muchas veces no encuentro las palabras adecuadas para poner en el papel aquel poco de Luz, digo poco en comparación a lo tanto que dejo, porque mi pequeña y pobre inteligencia toma cuanto basta para llenarme, el resto debo dejarlo; sucede como a una persona que se arroja en el mar, ella queda toda bañada, el agua le corre por todas partes, hasta en las vísceras, pero saliendo del mar, ¿qué cosa lleva consigo de toda el agua del mar? Poquísimo, y casi nada en comparación del agua que permanece en el mar; y por haber estado en el mar, ¿puede tal vez decir cuánta agua contiene, cuántas especies de pescados y su cantidad que hay en el mar? Ciertamente que no, sin embargo sabrá decir aquél poco que ha visto del mar. Así es mi pobre alma. Entonces mi dulce Jesús, mientras me encontraba en esta Luz ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:

“Hija mía, esta es la Unidad de la Luz de mi Voluntad, y a fin de que tú la ames siempre más y te confirmes mayormente en Ella, quiero hacerte conocer la gran diferencia que hay entre quien vive en mi Querer en la Unidad de esta Luz, y entre quien se resigna y se somete a mi Voluntad, y para hacértelo comprender bien te daré una similitud en el sol que está en el cielo: El sol, estando en la bóveda de los cielos expande sus rayos sobre la superficie de la tierra; mira, entre la tierra y el sol hay una especie de acuerdo, el sol en tocar la tierra y la tierra en recibir la luz y el toque del sol. Ahora, la tierra con recibir el toque de la luz sometiéndose al sol, recibe los efectos que contiene la luz, y estos efectos cambian la faz de la tierra, la hacen reverdecer, la llenan de flores, se desarrollan las plantas, maduran los frutos y tantas otras maravillas que se ven sobre la faz de la tierra, producidas siempre por los efectos que contiene la luz solar. Pero el sol, con dar sus efectos no da su luz, más bien, celoso de ella conserva su unidad y los efectos no son duraderos y por eso se ve la pobre tierra ahora florida, ahora toda despojada de flores, casi a cada estación se cambia, sufre continuas mutaciones; si el sol diese a la tierra efectos y luz, la tierra se cambiaría en sol y no tendría más necesidad de mendigar los efectos, porque conteniendo en sí la luz, llegaría a ser dueña de la fuente de los efectos que el sol contiene. Ahora, así es el alma que se resigna y se somete a mi Voluntad, vive de los efectos que hay en Ella, y no poseyendo la Luz no posee la fuente de los efectos que hay en el Sol del eterno Querer, y por eso se ven casi como tierra, ahora ricas de virtud, ahora pobres y se cambian a cada circunstancia; mucho más que si no están siempre resignadas y sometidas a mi Voluntad, serían como tierra que no se quisiera hacer tocar por la luz del sol, porque si recibe los efectos es porque se hace tocar por su luz, de otra manera quedaría escuálida, sin producir ni un hilo de hierba. Así quedó Adán después del pecado, él perdió la Unidad de la Luz y por lo tanto la fuente de los bienes y efectos que el Sol de mi Voluntad contiene, no sentía más en sí mismo la plenitud del Sol Divino, no descubría más en él aquella Unidad de la Luz que su Creador le había fijado en el fondo de su alma, que comunicándole su semejanza hacía de él una copia fiel de Él. Antes de pecar, poseyendo la fuente de la Unidad de la Luz con su Creador, cada pequeño acto suyo era rayo de luz que invadiendo toda la Creación iba a fijarse en el centro de su Creador, llevándole el amor y la correspondencia de todo lo que había sido hecho por Él en toda la Creación; era él el que armonizaba todo y formaba la nota de acuerdo entre el Cielo y la tierra, pero en cuanto se sustrajo de mi Voluntad, sus actos no fueron más como rayos que invadían Cielo y tierra, sino que se restringieron casi como plantas y flores en el pequeño cerco de su terreno, así que perdiendo la armonía con toda la Creación se volvió la nota discordante de todo lo creado; ¡oh, cómo descendió en lo bajo y lloró amargamente la Unidad de la Luz perdida, que elevándolo sobre todas las cosas creadas hacía de Adán el pequeño dios de la tierra.

 

Ahora hija mía, por lo que te he dicho puedes comprender que el vivir en mi Voluntad es poseer la fuente de la Unidad de la Luz de mi Voluntad con toda la plenitud de los efectos que en Ella hay, así que surge en cada acto suyo la luz, el amor, la adoración, etc., que constituyéndose acto por cada acto, amor por cada amor, como luz solar invade todo, armoniza todo, concentra todo en sí y como refulgente rayo lleva a su Creador la correspondencia de todo lo que ha hecho por todas las criaturas y la verdadera nota de acuerdo entre el Cielo y la tierra. ¡Qué diferencia hay entre quien posee la fuente de los bienes que contiene el Sol de mi Voluntad y entre quien vive de los efectos de Ella! Es la diferencia que existe entre el sol y la tierra; el sol posee siempre la plenitud de la luz y de los efectos, está siempre radiante y majestuoso en la bóveda del cielo, no tiene necesidad de la tierra, y mientras toca todo él es intangible, no se deja tocar por ninguno, y si alguno tuviera la osadía de querer fijarlo, con su luz lo eclipsa, lo ciega y lo echa por tierra; en cambio la tierra tiene necesidad de todo, se hace tocar, despojar, y si no fuese por la luz del sol y sus efectos sería una tétrica prisión llena de escuálida miseria; por eso no hay comparación posible entre quien vive en mi Voluntad y entre quien se somete a Ella. Así que la Unidad de la Luz la poseía Adán antes de pecar y no pudo recuperarla más estando en vida; de él sucedió como tierra que gira en torno al sol, que no estando fija, mientras gira se opone al sol y forma la noche. Ahora, para volverlo fijo de nuevo y poder así sostener la Unidad de esta Luz, se necesitaba un Reparador, y Éste debía ser superior a él; se necesitaba una Fuerza divina para enderezarlo, he aquí la necesidad de la Redención.

La Unidad de esta Luz la poseía mi Celestial Mamá y por eso más que sol puede dar luz a todos, y por eso entre Ella y la Majestad Suprema no hubo jamás noche ni sombra alguna, sino siempre pleno día, y por esto a cada instante esta Unidad de la Luz de mi Querer hacía correr en Ella toda la Vida Divina que le llevaba mares de luz, de alegrías, de felicidad, de conocimientos divinos, mares de belleza, de gloria, de amor, y Ella como en triunfo llevaba a su Creador todos estos mares como suyos para atestiguarle su amor, su adoración y para hacerlo enamorar de su belleza, y la Divinidad hacía correr en Ella otros nuevos mares más bellos; Ella poseía tanto amor, que como connatural podía amar por todos, adorar y suplir por todos; sus pequeños actos hechos en la Unidad de esta Luz eran superiores a los más grandes actos y a todos los actos de todas las criaturas juntas; por eso a todos los sacrificios, las obras, el amor de todas las demás criaturas se les puede llamar pequeñas llamitas frente al sol, pequeñas gotitas de agua frente al mar, en comparación de los actos de la Soberana Reina, y por eso Ella en virtud de la Unidad de esta Luz del Supremo Querer triunfó sobre todo y venció a su mismo Creador y lo hizo prisionero en su seno materno. ¡Ah, sólo la Unidad de esta Luz de mi Querer que poseía aquélla que imperaba sobre todo, pudo formar este prodigio nunca antes sucedido y que le suministraba los actos dignos de este Prisionero Divino!

Adán, al perder esta Unidad de la Luz se trastornó y formó la noche, las debilidades, las pasiones para él y para todas la generaciones. Esta Virgen excelsa, con no hacer jamás su voluntad, estuvo siempre derecha y de frente al Sol eterno, y por eso para Ella siempre fue día e hizo despuntar el día del sol de Justicia para todas las generaciones; si esta Virgen Reina no hubiese hecho otra cosa que conservar en el fondo de su alma inmaculada la Unidad de la Luz del eterno Querer, habría bastado para darnos la gloria de todos y la correspondencia del amor de toda la Creación. La Divinidad por medio suyo, en virtud de mi Voluntad, se sintió regresar las alegrías y la felicidad que había establecido recibir por medio de la Creación, por eso Ella se puede llamar la Reina, la Madre, la fundadora, la base y espejo de mi Voluntad, en el cual todos pueden mirarse para recibir de Ella la Vida de mi Voluntad.”

Después de esto yo me sentía como empapada de esta Luz y comprendía el gran prodigio del vivir en la Unidad de esta Luz del Querer Supremo, y mi dulce Jesús regresando ha agregado:

“Hija mía, Adán en el estado de inocencia y mi Mamá Celestial, poseían la Unidad de la Luz de mi Voluntad, no por virtud propia, sino por virtud comunicada por Dios; en cambio mi Humanidad la poseía por virtud propia, porque en Ella no sólo estaba la Unidad de la Luz del Supremo Querer, sino que también estaba el Verbo Eterno, y como Yo soy inseparable del Padre y del Espíritu Santo, sucedió la verdadera y perfecta bifurcación, que mientras permanecí en el Cielo descendí en el seno de mi Mamá, y siendo el Padre y el Espíritu Santo inseparables de Mí, también Ellos descendieron junto conmigo y al mismo tiempo quedaron en la altura de los Cielos.”

Ahora, mientras Jesús me decía esto, me ha venido la duda de si las Tres Divinas Personas habían sufrido las Tres, o bien sólo el Verbo, y Jesús ha retomado la palabra y me ha dicho:

“Hija mía, el Padre y el Espíritu Santo, porque son inseparables de Mí, descendieron junto conmigo, y Yo quedé con Ellos en los Cielos, pero el trabajo de satisfacer, de sufrir y de redimir al hombre fue tomado por Mí; Yo, Hijo del Padre, tomé el trabajo de reconciliar a Dios con el hombre. Nuestra Divinidad era intangible de poder sufrir la más mínima pena, fue mi Humanidad que unida con las Tres Divinas Personas en modo inseparable, la cual dándose en poder de la Divinidad sufría penas inauditas, satisfacía en modo divino, y como mi Humanidad no sólo poseía la plenitud de mi Voluntad como virtud propia, sino al mismo Verbo, y por consecuencia de la inseparabilidad, al Padre y al Espíritu Santo, por eso superó en modo más perfecto tanto a Adán inocente cuanto a mi misma Mamá, porque en ellos era Gracia, en Mí era naturaleza; ellos debían tomar de Dios la Luz, la Gracia, la Potencia, la Belleza; en Mí estaba la fuente de donde surgía Luz, Belleza, Gracia, etc., así que era tanta la diferencia entre Mí, que era naturaleza, y entre mi misma Mamá en que era Gracia, que Ella quedaba eclipsada delante a mi Humanidad. Por eso hija mía sé atenta, tu Jesús tiene la fuente que surge y tiene siempre qué darte, y tú siempre qué tomar. Por cuanto pueda decirte acerca de mi Voluntad, siempre tengo más qué decirte, y no te bastará ni la corta vida del exilio, ni toda la eternidad para hacerte conocer la larga historia de mi Suprema Voluntad, ni para numerarte los grandes prodigios que hay en Ella.” 

 

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