Natividad de la Virgen María

Imagen de Mariu

Natividad de la Virgen María, Libro de Cielo. Vol 26 - Sept 8, 1929

EL NACIMIENTO DE LA VIRGEN FUE EL RENACIMIENTO DE TODA LA HUMANIDAD.

Mi pobre mente se perdía en el mar inmenso del Fiat Divino, donde se encuentra todo en acto, como si no hubiese ni pasado ni futuro, sino todo presente y todo en acto; así que cualquier cosa que se quiera encontrar de la obras de su Creador, en el Divino Querer mi pequeña alma la encuentra como si en acto la estuviera haciendo, y como estaba pensando en el nacimiento de mi Mamá Celestial, para darle mis pobres homenajes, y llamaba junto a mí a toda la Creación a alabar a la Soberana Reina, mi dulce Jesús me ha dicho:

“Hija mía, también Yo quiero alabar junto contigo y con toda la Creación el nacimiento de la Alteza de mi Mamá. Tú debes saber que este nacimiento encierra en sí el renacimiento de toda la familia humana, y la Creación toda se sintió renacida en el nacimiento de la Reina del Cielo. Todo saltó de alegría, se sentían felices de tener su Reina, porque hasta entonces se sentían como pueblo al cual le faltaba su Reina, y en su mutismo esperaban aquel día feliz para romper su silencio y decir: ‘Gloria, amor, honor a Aquélla que viene en medio a nosotros como Reina nuestra, no estaremos más sin defensa, sin quien nos domine, sin fiesta, ya que apareció Aquélla que forma nuestra gloria perenne.’

Esta celestial niña, con tener íntegra en su alma nuestra Divina Voluntad, sin jamás hacer la suya, readquirió todos los derechos del Adán inocente ante su Creador y la soberanía sobre toda la Creación, por eso todos se sintieron renacer en Ella, y Nosotros veíamos en esta Virgen Santa, en su pequeño corazón, todos los gérmenes de las generaciones humanas. Así que por medio suyo la humanidad readquiría los derechos perdidos, por eso su nacimiento fue el nacimiento más bello, más glorioso; Ella, desde su nacimiento encerró en su corazoncito materno, como en medio de dos alas, a todas las generaciones como hijos renacidos en su virginal corazón, para calentarlos, para tenerlos defendidos, crecerlos y nutrirlos con la sangre de su corazón materno.

He aquí la causa por la que esta tierna Madre Celestial ama tanto a las criaturas, porque todas han renacido en Ella, y siente en su corazón la vida de sus hijos.

¿Qué cosa no puede hacer nuestra Divina Voluntad donde reina y tiene su Vida? Ella le encierra todo y a todos, y la hace portadora y dadora de bienes a todos. Así que todos sienten, bajo su manto azul, el ala materna de su madre Celestial y encuentran en su materno corazón su lugarcito donde ponerse al seguro.

Ahora hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad renueva su renacimiento y duplica los renacimientos a todas las generaciones humanas; mi Suprema Voluntad cuando vive dentro de un corazón y en él extiende la plenitud de su luz interminable, concentra todo y a todos, hace todo, renueva todo, da nuevamente todo lo que por siglos y siglos no ha podido dar por medio de las otras criaturas.

Así que Ella se puede llamar el alba del día, la aurora que llama al sol, el sol que alegra toda la tierra, la ilumina, la calienta, y con sus alas de luz, más que tierna madre abraza todo, fecunda todo, y con su beso de luz da las más bellas tintas a las flores, la dulzura más exquisita a los frutos, la maduración a todas las plantas.

¡Oh! si mi Voluntad Divina reinase en medio a las criaturas, ¿cuántos prodigios no obraría en medio de ellas? Por eso sé atenta, cada cosa que haces en mi Fiat Divino es un renacimiento que haces en Ella, y renacer en Ella significa renacer en el orden divino, renacer en la luz, renacer en la santidad, en el amor, en la belleza, y en cada acto de mi Voluntad, la voluntad humana sufre la muerte, muriendo a todos los males y revive a todos los bienes.”