La Creación, acto de adoración profunda de la Divina Trinidad

Imagen de Mariu

La Creación, acto de adoración profunda de la Divina Trinidad.

 

Estaba toda abandonada en el Fiat Divino, su luz eclipsaba mi pequeñez y me transportaba arriba, hasta el seno del Eterno, donde no se veía otra cosa que luz, santidad, belleza, que infundía adoración profunda, tanto, de sentir cambiada mi pequeña existencia en un acto solo de adoración profunda hacia aquel Dios que tanto me ha amado y me ama.

Entonces, mientras mi mente se perdía en la luz del Divino Querer, mi amable Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

“Hija mía, la santidad de nuestro Ser Divino; la potencia única de nuestra Voluntad de la cual estamos investidos, de modo que somos distintos en las Personas, pero nuestra Voluntad es siempre una que obra en Nosotros, que domina, que rige;    nuestro amor igual,  recíproco e incesante, produce en Nosotros la más profunda adoración entre las Divinas Personas, así que todo lo que sale de Nosotros no es otra cosa que actos de adoración profunda de todo nuestro Ser Divino.

Por eso, cuando nuestro Fiat Divino quiso sacar en campo a toda la Creación con su potencia creadora, obradora y vivificadora, en cuanto nuestro Fiat se pronunciaba, así salían de Nosotros actos de adoración profunda, así que el cielo no es otra cosa que un acto de adoración profunda de la inmensidad de nuestro Ser Divino, y por eso por todas partes se ve cielo, de noche y de día, la inmensidad de nuestro Ser hacía salir de nuestro seno la inmensidad de nuestra adoración y extendía sobre el universo el azul cielo para llamar a todos aquellos que habrían habitado la tierra en nuestra única Voluntad, para unificarlos en la inmensidad de nuestra adoración, de modo que en virtud de nuestro Fiat, el hombre se debía extender en la inmensidad de su Creador para formar su cielo de adoración profunda a Aquel que lo había creado.

El sol es un acto de adoración de nuestra luz interminable, el cual es tal y tanto el ímpetu de su adoración profunda, que no se contenta con hacerse ver en lo alto, bajo la bóveda del cielo, sino que del centro de su esfera hace descender sus rayos de luz hasta lo bajo de la tierra, plasmando y tocando todo con sus manos de luz, inviste todo y a todos con su adoración de luz, y llama a plantas, flores, árboles, pájaros y criaturas a formar una sola adoración en la Voluntad de quien las ha creado.

El mar, el aire, el viento, y todas las cosas creadas, no son otra cosa que actos de adoración profunda de nuestro Ser Divino, que, quién de lejos y quién de cerca llaman a la criatura en la unidad de nuestro Fiat a repetir los actos profundos de nuestra adoración, y haciendo suyo lo que es nuestro, puede darnos el sol, el viento, el mar, la tierra florida, como adoraciones profundas que sabe y puede producir nuestra Voluntad única en la criatura.

¿Qué cosa no puede hacer nuestro Fiat? Con su fuerza única puede todo, une todo, tiene en acto todo y une Cielo y tierra, Creador y criatura, y de ellos forma uno solo.”

Dicho esto se ha retirado en la profundidad de su luz y ha hecho silencio. Entonces yo he seguido con mi giro en la Creación, para seguir aquella adoración profunda de mi Creador en todas las cosas creadas.

¡Oh! cómo se sentía en cada cosa el perfume de la adoración divina, se tocaba con la mano su aliento adorado, se sentía en el viento la adoración penetrante, imperante de nuestro Creador, que invistiendo toda la tierra, ahora como soplo ligero, ahora con oleadas impetuosas, ahora con alientos acariciadores, nos inviste y nos llama a la adoración que el viento posee de su Creador; ¿quién puede decir la fuerza del viento? el en pocos minutos recorre todo el mundo, y ahora con imperio, ahora con gemidos, ahora con voces débiles y ahora fuertes, nos inviste y nos llama a unirnos a aquella adoración divina que da a su Creador.

Y siguiendo mi giro veía el mar, en aquellas aguas cristalinas, en aquel murmullo continuo, en sus olas altísimas, Jesús decía que aquel mar no era otra cosa que un acto de profunda adoración de la pureza divina, adoración de su amor que murmura continuamente, y en las olas la adoración de la fuerza divina que mueve como ligera paja a todo y a todos.

¡Oh! si el Fiat Divino reinase en las criaturas, a todos haría leer en cada cosa creada la adoración distinta que cada cosa posee de nuestro Creador, y unificándonos con toda la Creación, una debía ser la adoración, uno el amor, una la gloria al Ente Supremo.

¡Oh Voluntad Divina, ven a reinar y haz que una sea la Voluntad de todos...

Volumen 26, A bril 12 1929