La Reina, portadora de Jesús, el gran don que le fue entregado.

Imagen de Mariu

La Reina, portadora de Jesús, el gran don que le fue entregado.

 Trabajo que tuvo del Ente Supremo.  

 El vivir en el Querer Divino continúa, es tanto su Amor que me esconde en su Luz, a fin de que no vea, no oiga, no toque más que su Santísima Voluntad.
 
 Esta mañana, mi Madre Celestial me ha dado una dulce y querida sorpresa:  Habiendo recibido la Santa Comunión se hacía ver en mi interior, que estaba con el niño Jesús, lo tenía tan estrechado a su materno corazón, cubierto con sus brazos, que para mirarlo y recrearlo con mi pequeño amor, debía abandonarme entre sus brazos para estarme también yo unida con ellos, a fin de que pudiese amar como se amaban Jesús y la Mamá Reina. 
 
 ¡Oh! cómo estaban contentos de que yo quería hacer vida junto con ellos.  Ahora, mientras me estaba estrechada con ellos, la Soberana Reina, toda bondad y ternura me ha dicho:
 
 “Amada hija mía, tú debes saber que Yo soy la portadora de Jesús, esto fue un don que el Ente Supremo me confió, y cuando fue una realidad que Yo tuve la Gracia, el Amor, la Potencia y la misma Voluntad Divina para tenerlo custodiado, defendido, amado, entonces me hizo la entrega del don, esto es, el Verbo Eterno, que se encarnó en mi seno diciéndome:
 
 ‘Hija nuestra, te hacemos el gran don de la Vida del Hijo de Dios, a fin de que tú seas la dueña de Ella y lo dones a quien quieras, pero debes saber cómo tenerlo defendido, jamás lo dejes solo en aquellos a quien lo dones, para suplir si no lo aman, para repararlo si lo ofenden, harás de modo que nada le falte a la decencia, a la santidad, a la pureza que le conviene, sé atenta, es el don más grande que te hacemos, y te damos el poder de bilocarlo cuantas veces quieras, a fin de que quien lo quiera pueda recibir este gran don y poseerlo.’
 
 Ahora, este Hijo es mío, es don mío, y como mío conozco sus secretos amorosos, sus ansias, sus suspiros, pero tanto, que llega a llorar y con sollozos repetidos me dice:
 
 ‘Mamá mía, dame a las almas, quiero las almas.’  Yo quiero lo que quiere Él, puedo decir que suspiro y lloro junto, porque quiero que todos posean a mi Hijo, pero debo poner al seguro su Vida, el gran don que Dios me confió; he aquí por qué si desciende en los corazones Sacramentado Yo desciendo junto por garantía de mi don, no puedo dejarlo solo; pobre Hijo mío si no tuviera a su Mamá que desciende junto, cómo me lo tratan mal; quién no le dice un te amo de corazón, y yo debo amarlo; quién lo recibe distraído, sin pensar en el gran don que reciben, y yo me derramo sobre Él para no dejarlo sentir sus distracciones y frialdades; quién llega a hacerlo llorar, y Yo debo quitarle el llanto y hacer los dulces reproches a la criatura, que no me lo hagan llorar.
 
 Cuántas escenas conmovedoras suceden en los corazones que lo reciben Sacramentado; hay almas que jamás se contentan de amarlo, y Yo les doy mi amor, y también el suyo para hacerlo amar, estas son escenas de Cielo, y los mismos ángeles quedan raptados por ellas, y nos reanimamos de las penas que nos han dado las otras criaturas.
 
 ¿Pero quién puede decirte todo?  Soy la portadora de Jesús, ni Él quiere estar sin Mí, tanto, que cuando el sacerdote está por pronunciar las palabras de la consagración sobre la ostia santa, hago alas con mis manos maternas a fin de que descienda por medio de mis manos para consagrarse, para que, si manos indignas lo tocan, Yo hago sentir las mías que lo defienden y lo cubren con mi amor.
 
 Pero esto no basta, estoy siempre de guardia para ver si quieren a mi Hijo, tanto, que si algún pecador se arrepiente de sus graves pecados y la luz de la Gracia despunta en su corazón, Yo, rápidamente le llevo a Jesús como confirmación del perdón, y Yo pienso en todo lo que se necesita para hacer que se quede en aquel corazón convertido.
 
 Soy la portadora de Jesús, y lo soy porque poseo en Mí el reino de su Voluntad Divina; Ella me revela quién lo quiere, y Yo corro, vuelo para llevarlo, pero sin jamás dejarlo, y no sólo soy portadora, sino espectadora, escucha de lo que hace y dice a las almas.
 
 ¿Crees tú que Yo no estaba presente para escuchar las tantas lecciones que mi amado Hijo te daba sobre su Divina Voluntad?  Yo estaba presente, escuchaba palabra por palabra lo que te decía, y en cada palabra Yo agradecía a mi Hijo y me sentía doblemente glorificada porque hablaba del reino que Yo ya poseía, que había sido toda mi fortuna y la causa del gran don de mi Hijo, y al oírlo hablar Yo veía injertada la fortuna de mis hijos con la mía; ¡oh! cómo exultaba, todas las lecciones que te ha dado, y aún más, están ya escritas en mi corazón, y al ver que te las repetía a ti Yo gozaba en cada lección un paraíso de más, y cuantas veces tú no estabas atenta y olvidabas, Yo pedía perdón por ti y le rogaba que repitiese sus lecciones, y Él para contentarme, porque no sabe negar nada a su Mamá, te repetía sus bellas lecciones.  
 
Hija mía, Yo estoy siempre con Jesús, pero a veces me escondo en Él, y parece que Él hace todo, como si hiciera sin Mí, pero Yo estoy dentro, concurro junto con Él y estoy al día de lo que hace; otras veces se esconde Él en su Mamá y me hace hacer a Mí, pero siempre es concurrente conmigo; otras veces nos hacemos presentes los dos, y las almas ven a la Madre y al Hijo, quienes los aman tanto según las circunstancias y el bien que ellas requieren, y muchas veces es el amor que no podemos contener que nos hace dar en excesos hacia ellas; pero ten por seguro que si está mi Hijo, estoy Yo, y que si estoy Yo, está mi Hijo, es un trabajo que me fue dado por el Ente Supremo, del cual Yo no puedo, ni quiero retirarme,  mucho más que estas son las alegrías de mi maternidad, los frutos de mis dolores, la gloria del reino que poseo, la Voluntad y el cumplimiento de la Trinidad Sacrosanta.”  Vol. 34 del 28 de mayo de 1934.

Etiqueta: