Caminando de Regreso a Casa

Imagen de Mariu

DE REGRESO A CASA EN LA DIVINA VOLUNTAD

 

Lo que falta del trayecto para el feliz y definitivo  Encuentro, será con el olvido de mi misma, de lo que a mi me parece mejor,, para poder determinarme a lograrlo,  recordaré  cuanto dolor y  desgracias he vivido, cuando mi voluntad humana ha actuado  por su cuenta y riezgo,  sin tomar el parecer de mi amado Padre, que siempre ha tenido dispuesto lo mejor para mi.

Olvido de mi misma para hacer de mis actos Obra Divina, sin buscar mi propia honra o mi provecho, sino la Gloria de Dios y el agrado de su Corazón.

Olvido para disponer todo para aprender en cada paso ¡NO LO QUE YO, SINO LO QUE EL QUIERA, NO COMO YO SINO COMO EL LO QUIERE, NO CUANDO YO SINO CUANDO EL LO DETERMINE!.

El tiempo, el modo, las circunstancias de mis obras para hacerlas Divinas, no han de ser a mi gusto y con mi sola voluntad, sino en la Divina Voluntad.

 

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Del Salmo 118:

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor. R/.

Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R/.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R/.

En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti. R/.

Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras. R/.

Ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad.

 

Vivir en el Divino Querer forma una prisión a Jesús en el alma y al alma en Jesús. 



Encontrándome en mi habitual estado, estaba diciendo a mi dulce Jesús que si quería que saliera de mi habitual estado, que cómo era posible que después de tanto tiempo no me contentara en esto, y Él me ha dicho:


“Hija, quien hace mi Voluntad y vive en mi Querer, pero no por poco tiempo, sino por un período de vida, me forma como una prisión en su corazón, toda de mi Voluntad, así que al ir haciendo mi Voluntad y tratando de vivir en mi Querer, así va levantando los muros de esta divina y celestial prisión, y Yo con sumo contento mío me quedo prisionero dentro, y conforme el alma me absorbe a Mí, Yo la absorbo a ella en Mí, de manera de formar en Mí su prisión; así que ella ha quedado aprisionada en Mí y Yo aprisionado en ella; entonces, cuando el alma quiere alguna cosa, Yo le digo:

‘Tú has hecho siempre mi Voluntad, es justo que Yo alguna vez haga la tuya.’

Mucho más que viviendo esta alma de mi Voluntad, lo que quiere puede ser fruto, deseo de mi misma Voluntad que vive en ella; por eso no te preocupes, cuando sea necesario Yo haré tu voluntad.”   Volumen 12   Noviembre 7 1918.

 

TESTAMENTO DE JESÚS...


(...)“Hija mía, no te preocupes, Yo seré vigilante custodio, porque me cuestan demasiado, me cuestan mi Voluntad, la Cual entra en estos escritos como vida primaria. 

 
 
 
Quien vive en el Querer Divino está en continua comunicación con Dios.  Resurrección y amor que surge, cómo felicita y da alegría a todos.  Cómo Jesús mismo se hará vigilante custodio de estos escritos, y el interés será todo suyo.  
 
Estoy bajo el imperio del Querer Divino, su Potencia me eleva hasta su centro; su Amor, embalsamándome me trae su aire celestial; su Luz me purifica, me embellece, me transforma y me encierra en el ámbito del Querer Divino, de modo que todo se olvida, porque son tales y tantas las alegrías, las escenas encantadoras del Ente Supremo, que uno permanece arrobado.
 
 ¡Oh Voluntad Divina, como amaría el que todos te conocieran para hacer gozar a todos alegrías tan puras, contentos tan inefables que sólo en Ti se encuentran.
 
 Pero mientras mi mente sentía una felicidad indecible, mi amado Jesús repitiéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:
 
“Mi pequeña hija de mi Querer, ¿has visto cómo es bello vivir en mi Querer?  Estamos en continuas comunicaciones con la criatura, le preparamos nuevas alegrías en cada acto que hace para volverla siempre más feliz en nuestra morada.
 
 Las acciones hechas en el Fiat están siempre en acto de hacerse, nuestra Vida renace continuamente, nuestro Amor surge y formando sus olas inviste a todos y llama a todo en aquel acto, a fin de que todos lo repitan, y oímos el eco que todos nos aman y nos glorifican.  Los ángeles y santos están todos a la expectativa, y con ansia suspiran el acto de la criatura hecho en la Divina Voluntad, ¿pero sabes por qué?
 
 Porque ellos reciben doble gloria:  La del Cielo y la nueva gloria, alegría y felicidad del acto hecho en mi Fiat.  ¡Cómo me agradecen y aman a la criatura que les duplica los nuevos contentos y alegrías sin término!  ¿Quién puede no amar a quien vive en mi Querer Divino, que da alegría y felicidad a Nosotros, que nos da la gran gloria de hacernos hacer lo que queremos en ella, que da felicidad y alegrías a todos, y no hay bien que de ella no descienda?  
 
Por eso quien vive en nuestro Querer no está sujeto a desconfianza, a temores, la desconfianza no encuentra las puertas para entrar en ella porque todo es suyo, se siente dominadora de todo, es más, toma lo que quiere, su vida no es otra cosa que Amor y Voluntad nuestra, tanto, que llega a sufrir nuestras mismas locuras de amor, y se contentaría con dar su vida por cada uno para darnos la gloria de hacer conocer nuestra Voluntad.”
 
Después de esto me sentía pensativa acerca de estos benditos escritos, y por la insistencia de mi amado Jesús al querer que continúe escribiendo y además, después de tantos sacrificios, ¿a donde irán a terminar?
 
 Y mi amado Jesús interrumpiendo mi pensamiento me ha dicho:
 
“Hija mía, no te preocupes, Yo seré vigilante custodio, porque me cuestan demasiado, me cuestan mi Voluntad, la Cual entra en estos escritos como vida primaria.
 
 Podría llamarlos:
 
 ‘Testamento de Amor que hace mi Voluntad a las criaturas.’  Ella se hace donadora de Sí misma y las llama a vivir en su heredad, pero con modos tan suplicantes, atrayentes, amorosos, que sólo los corazones de piedra no se moverán a compasión y no sentirán la necesidad de recibir un bien tan grande.
 
 Entonces, estos escritos están llenos de Vidas Divinas, las cuales no se pueden destruir, y si alguno quisiera intentarlo, le sucedería como a aquél que quisiera destruir el cielo, el cual, ofendido, le caería encima por todas partes y lo aniquilaría bajo su bóveda azul, así que el cielo permanecería en su puesto y todo el mal caería sobre aquél que quisiera destruir el cielo; o bien quien quisiera destruir el sol, el sol se reiría de éste y lo quemaría; o como otro que quisiera destruir las aguas del mar, el mar lo ahogaría.
 
 Demasiado se necesita para tocar lo que te he hecho escribir sobre mi Voluntad, porque puedo llamarlo nueva creación viviente y hablante.  Todo esto será el último alarde, el último desahogo de mi Amor hacia las generaciones humanas; es más, tú debes saber que a cada palabra que te hago escribir sobre mi Fiat, duplico mi Amor hacia ti y hacia quienes las leerán, para hacerlos quedar embalsamados por mi Amor.
 
 Así que conforme escribes me das el campo para amarte de más; veo el gran bien que harán, siento en cada palabra mía las vidas palpitantes de las criaturas que conocerán el bien de mi palabra y formarán la Vida de mi Voluntad en ellas.  
 
Por eso el interés será todo mío, y tú abandona todo en Mí.  Tú debes saber que estos escritos han salido del centro del gran Sol de mi Voluntad, cuyos rayos están llenos de las verdades salidas de este centro, los cuales abrazan todos los tiempos, todos los siglos, todas las generaciones.  
 
Esta gran cantidad de rayos de luz llena Cielo y tierra, y por caminos de luz llama a todos los corazones, y ruega y suplica que reciban la Vida palpitante de mi Fiat, que nuestra Paterna Bondad se ha dignado dictar desde dentro de su centro con los modos más insinuantes, atrayentes, afables, llenos de dulzura, y con Amor tan grande que da en lo increíble y hace quedar estupefactos a los mismos ángeles.  
 
Cada palabra puede llamarse un portento de Amor, uno más grande que otro. por eso, querer tocar estos escritos es quererme tocar a Mí mismo, el centro de mi Amor, mis finezas amorosas con las cuales amo a las criaturas.  Yo sabré defenderme a Mí mismo y confundir a quien quiera mínimamente desaprobar aún una sola palabra de lo que está escrito sobre mi Divina Voluntad.
 
Por eso continúa escuchándome hija mía, no quieras estorbar a mi Amor, ni me quieras atar los brazos con el hacer retroceder en mi seno lo que quiero que continúes escribiendo.  
 
Demasiado me cuestan estos escritos, me cuestan cuanto cuesto Yo mismo.
 
Por eso tendré tal cuidado, que ni siquiera una palabra dejaré que se pierda.”   Volumen 36 Junio 20 de 1938.
 
 

 

La Redención y el Reino de Dios  

 

¿Para qué vino Jesús al mundo?

Muchos dirán: "Jesús vino para salvarnos del pecado". Pero, ¿te has puesto a pensar en todo lo que eso significa, en el sentido completo de la palabra "salvación"?

Jesús vino al mundo esencialmente por dos motivos: por Dios y por la criatura.

 

Veamos una parábola que nos ilustra más claramente esta gran verdad:

 

 

 

Parábola del Rey, el Hijo y el Obrero

"Un rey contrató un obrero que amaba muchísimo para que le pintara y adornara su habitación real, pero el obrero no quiso hacer lo que debía, y no sólo no pintó y adornó la habitación del rey, sino que comenzó a destruirla y echarla abajo. Cuando el rey se dio cuenta de lo que hizo y lo que no hizo aquél hombre, por su justicia se vio obligado a condenar a muerte aquél inicuo obrero, pero el hijo del rey, lleno de amor por aquél hombre, decidió, con el consentimiento de su Padre, reconstruir la habitación del rey y pintarla y adornarla como a su padre le gusta, y recibir en sí mismo la condena que merecía el obrero; luego, el hijo del rey le dio a ese hombre todos los méritos que él debía recibir al haber hecho siempre la voluntad de su padre amadísimo, y murió feliz al saber que un día aquél obrero iba a tomar todos los bienes que había adquirido para él, convirtiendo a aquél obrero en 'hijo del rey'."

Ahora bien:

Como podemos darnos cuenta, el obrero es el hombre, el rey es el Padre Celestial y el hijo del rey es Jesús.

 

 

El hombre, antes de pecar, era perfecta "imagen y semejanza de Dios"

, es decir, que si Dios es eterno, el hombre también era eterno; si Dios es perfecto, el hombre también era perfecto; si Dios es omnipotente, el hombre también lo era, pues todo lo que el hombre quería lo podía hacer, pues sólo quería lo que Dios quería. Esto es lo que significa ser una perfecta "imagen y semejanza de Dios". El hombre era un "pequeño Dios sobre la tierra", pues como lo enseña nuestra amada Madre Iglesia, era por gracia todo lo que Dios es por naturaleza, ya que poseía la Voluntad de Dios como vida, su voluntad humana era una sola con la Voluntad de Dios. Lo que Dios quería, lo quería el hombre con la misma intensidad y potencia. 

 

Dios le había dado al hombre la creación como habitación, así como al hombre lo creó para que fuera la habitación de Dios.

  Y Dios, siendo amor y no sabiendo hacer otra cosa más que amar, le mandaba su amor al hombre a través de muchos medios, para que a su vez, el hombre le correspondiera con el mismo amor con el que Dios lo amaba. Esos medios eran toda la creación, todos sus actos, todas las circunstancias, en las que nuestro Creador se deleitaba en hacer llover a torrentes su amor al hombre, y el hombre hacía feliz a Dios, correspondiéndole a su amor perfectamente, dándole gloria completa, infinita, pues amaba a Dios con la misma vida de su Voluntad Divina que poseía en su alma; sus actos eran actos divinos, pues era Dios mismo el que obraba en cada uno de sus actos; es por eso que esos actos podían satisfacer en todo a Dios. 

 

Pero cuando el hombre pecó, su voluntad humana ya no estuvo unida con la Voluntad de Dios y perdió esa semejanza con Dios

, ya no obraba como Dios, ya no era uno con Dios, ya no le daba a Dios gloria perfecta y completa, pues sus actos ya no llevaban el sello de lo divino, ya no era Dios quien obraba en sus actos sino el hombre mismo, apartado de la Voluntad de Dios.

 

Pero Dios no iba a dejar que su maravillosa obra maestra: el hombre, se quedara en el abismo de los males y la gloria de Dios incompleta.

  No, es por eso que de inmediato nos anuncia la redención, en la que Dios mismo, descendiendo a la tierra, nos libera del pecado, nos hace resucitar y nos abre las puertas del cielo, dándole al mismo tiempo perfecta gloria a Dios.

 

Jesús vino para darle la gloria completa al Padre, que las criaturas le habían negado al apartarse de su Divina Voluntad.

  Vino a restituirle todo el amor, la adoración, el homenaje, que todos deberíamos haberle dado y no le dimos. En fin, vino para corresponderle por todos, haciendo lo que cada uno de nosotros debía haber hecho. Esto lo podemos comparar en la parábola con el hijo del rey que pinta, adorna y embellece la habitación del rey, haciendo lo que debía haber hecho el obrero.

Pero también vino por las criaturas.

  El hombre, por haberse apartado de la Voluntad de Dios, haciendo la suya, desobedeciéndole a aquél que lo creó, le dio muerte a la vida divina que tenía en su alma, por eso merecía la muerte; con su pecado se le habían cerrado las puertas del cielo y alguien tenía que salvarlo de la muerte eterna, no podía ser él mismo. Entonces, ¿quien sería? El mismo Dios, en la segunda persona de la Santísima Trinidad, Jesús, que se hizo verdadero Dios y verdadero hombre, como lo enseña la Iglesia.

Jesús vino a reconstruir el interior del hombre y devolvernos todo lo que habíamos perdido, la vida divina, el cielo; nos dio todos los méritos que había adquirido para nosotros, para que volviéramos a entrar al orden, al puesto y a la finalidad para la cual fuimos creados.

¿Para qué vino Jesús al mundo?

Muchos dirán: "Jesús vino para salvarnos del pecado". Pero, ¿te has puesto a pensar en todo lo que eso significa, en el sentido completo de la palabra "salvación"?

Jesús vino al mundo esencialmente por dos motivos: por Dios y por la criatura.

Veamos una parábola que nos ilustra más claramente esta gran verdad:

Parábola del Rey, el Hijo y el Obrero

"Un rey contrató un obrero que amaba muchísimo para que le pintara y adornara su habitación real, pero el obrero no quiso hacer lo que debía, y no sólo no pintó y adornó la habitación del rey, sino que comenzó a destruirla y echarla abajo. Cuando el rey se dio cuenta de lo que hizo y lo que no hizo aquél hombre, por su justicia se vio obligado a condenar a muerte aquél inicuo obrero, pero el hijo del rey, lleno de amor por aquél hombre, decidió, con el consentimiento de su Padre, reconstruir la habitación del rey y pintarla y adornarla como a su padre le gusta, y recibir en sí mismo la condena que merecía el obrero; luego, el hijo del rey le dio a ese hombre todos los méritos que él debía recibir al haber hecho siempre la voluntad de su padre amadísimo, y murió feliz al saber que un día aquél obrero iba a tomar todos los bienes que había adquirido para él, convirtiendo a aquél obrero en 'hijo del rey'."

Ahora bien:

Como podemos darnos cuenta, el obrero es el hombre, el rey es el Padre Celestial y el hijo del rey es Jesús.

El hombre, antes de pecar, era perfecta "imagen y semejanza de Dios"

, es decir, que si Dios es eterno, el hombre también era eterno; si Dios es perfecto, el hombre también era perfecto; si Dios es omnipotente, el hombre también lo era, pues todo lo que el hombre quería lo podía hacer, pues sólo quería lo que Dios quería. Esto es lo que significa ser una perfecta "imagen y semejanza de Dios". El hombre era un "pequeño Dios sobre la tierra", pues como lo enseña nuestra amada Madre Iglesia, era por gracia todo lo que Dios es por naturaleza, ya que poseía la Voluntad de Dios como vida, su voluntad humana era una sola con la Voluntad de Dios. Lo que Dios quería, lo quería el hombre con la misma intensidad y potencia.

Dios le había dado al hombre la creación como habitación, así como al hombre lo creó para que fuera la habitación de Dios.

Y Dios, siendo amor y no sabiendo hacer otra cosa más que amar, le mandaba su amor al hombre a través de muchos medios, para que a su vez, el hombre le correspondiera con el mismo amor con el que Dios lo amaba. Esos medios eran toda la creación, todos sus actos, todas las circunstancias, en las que nuestro Creador se deleitaba en hacer llover a torrentes su amor al hombre, y el hombre hacía feliz a Dios, correspondiéndole a su amor perfectamente, dándole gloria completa, infinita, pues amaba a Dios con la misma vida de su Voluntad Divina que poseía en su alma; sus actos eran actos divinos, pues era Dios mismo el que obraba en cada uno de sus actos; es por eso que esos actos podían satisfacer en todo a Dios.

Pero cuando el hombre pecó, su voluntad humana ya no estuvo unida con la Voluntad de Dios y perdió esa semejanza con Dios

, ya no obraba como Dios, ya no era uno con Dios, ya no le daba a Dios gloria perfecta y completa, pues sus actos ya no llevaban el sello de lo divino, ya no era Dios quien obraba en sus actos sino el hombre mismo, apartado de la Voluntad de Dios.

Pero Dios no iba a dejar que su maravillosa obra maestra: el hombre, se quedara en el abismo de los males y la gloria de Dios incompleta.

No, es por eso que de inmediato nos anuncia la redención, en la que Dios mismo, descendiendo a la tierra, nos libera del pecado, nos hace resucitar y nos abre las puertas del cielo, dándole al mismo tiempo perfecta gloria a Dios.

Jesús vino para darle la gloria completa al Padre, que las criaturas le habían negado al apartarse de su Divina Voluntad.

Vino a restituirle todo el amor, la adoración, el homenaje, que todos deberíamos haberle dado y no le dimos. En fin, vino para corresponderle por todos, haciendo lo que cada uno de nosotros debía haber hecho. Esto lo podemos comparar en la parábola con el hijo del rey que pinta, adorna y embellece la habitación del rey, haciendo lo que debía haber hecho el obrero.

Pero también vino por las criaturas.

El hombre, por haberse apartado de la Voluntad de Dios, haciendo la suya, desobedeciéndole a aquél que lo creó, le dio muerte a la vida divina que tenía en su alma, por eso merecía la muerte; con su pecado se le habían cerrado las puertas del cielo y alguien tenía que salvarlo de la muerte eterna, no podía ser él mismo. Entonces, ¿quien sería? El mismo Dios, en la segunda persona de la Santísima Trinidad, Jesús, que se hizo verdadero Dios y verdadero hombre, como lo enseña la Iglesia.

Jesús vino a reconstruir el interior del hombre y devolvernos todo lo que habíamos perdido, la vida divina, el cielo; nos dio todos los méritos que había adquirido para nosotros, para que volviéramos a entrar al orden, al puesto y a la finalidad para la cual fuimos creados.

 

Comentarios

Imagen de Monica Restrepo

Cambio de residencia

Comment: 

Buenos Dias He pertenecido a la Divina Voluntad desde el año 2003 con el Padre Pedro Rubio, ahora me vine a vivir al Ecuador y me dicen que aqui tambien esta la Divina Voluntad, se que el fundador fue el Padre Morelos me entere aqui, quisiera saber a quien contactar o quienes son recomendados por ustedes y si son dirigidos por algun Padre. No se donde o como ubicar al Padre Robert Graves
Gracias
monilili2004@yahoo.es

Imagen de Mariu

Padre Robert Graves

Comment: 

Te recomiendo sigas en contacto con tu Grupo por medio del Internet, mientras ubicas algún grupo en donde ahora vives. 

Me pongo en contacto contigo por correo, saludos y Bendiciones en la Divina Voluntad.

Ma. Eugenia Aguirre Q.