Homenaje para Luisa

Imagen de Mariu

El 4 de Marzo de 1947, Luisa cumple su anhelo mas profundo al dejar este mundo y participar del Triunfo de la Divina Voluntad.

Recibe amada Luisa este pequeño Homenaje, de los capítulos que nos dibujan tu Gran Misión y ruega por nosotros para que seamos fieles a  este inmerecido Don.

 

Luisa posee (y nos ofrece) un tesoro sumamente precioso en su pobre vasija de barro: en primer lugar, la Pasión de Jesús en ella, y seguidamente el Querer Divino que reina en ella.

 No es el contenedor el que ennoblece el contenido, sino al contrario. Luisa es sin duda (desde un punto de vista humano) una pobre criatura, una de esas personas que a los ojos del mundo “no cuentan”. Pero el Señor le asegura que, si hubiera encontrado otra más pequeña y más pobre que ella, a ella se hubiera dirigido para encomendarle esta misión.  Sus caminos no son nuestros caminos.

A nosotros no nos queda más que contemplar asombrados, estremecernos de gozo y adorar en silencio.

 

Ella puede decir con San Pablo: “Y si nuestro evangelio permanece velado, lo es para aquellos que se pierden, a los cuales el dios de este mundo les ha cegado la mente incrédula, para que no vean el esplendor del glorioso evangelio de Cristo, que es la imagen de Dios. Pues nosotros no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor.

En cuanto a nosotros, somos vuestros servidores por amor a Jesús. Y Dios, que dijo “Brille la luz en las  tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones, para  hacer resplandecer el conocimiento de la gloria divina que resplandece en el rostro de Cristo. Sin embargo llevamos este tesoro en recipientes de barro, para que se vea que el poder extraordinario viene de Dios y no de nosotros. En efecto, somos atribulados por todas partes, pero no aplastados; trastornados, pero no desesperados; perseguidos, pero n abandonados; heridos, pero no muertos, llevando siempre y por todas partes en nuestro cuerpo la muerte de Jesús,  para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2ª Cor 4,3-10).

 

 

11-108

Noviembre 1, 1915

Jesús quiere desahogarse en el amor.

 

(1) Esta mañana mi dulce Jesús no me ha hecho esperar mucho, ha venido, pero afanado, inquieto, y arrojándose en mis brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, dame reposo, hazme desahogar en amor. Si la Justicia quiere su desahogo puede desahogarse con todas las criaturas, mi Amor en cambio puede desahogarse solamente con quien me ama, con quien está herido por mi mismo Amor, y delirando va buscando desahogo en mi Amor, pidiéndome más amor, y si mi Amor no encontrase una criatura que me hiciera desahogar, mi Justicia se encendería mayormente y daría el último golpe para destruir a las pobres criaturas”.

(3) Y mientras esto decía me besaba, volvía a besarme y me decía:

(4) “Te amo, pero con amor eterno; te amo, pero con amor inmenso; te amo, pero con un amor incomprensible para ti; te amo, pero con un amor que jamás tendrá límites ni fin; te amo con un amor que nunca me podrás igualar”.

(5) ¿Pero quién puede decir todos los títulos que Jesús decía del amor con que me ama? Y a cada modo de los que decía esperaba mi respuesta, yo, no sabiendo qué decirle, ni teniendo movimiento suficiente para poderlo igualar le he dicho: “Vida mía, Tú sabes que no tengo nada y que todo lo que hago lo tomo de Ti, y luego lo dejo en Ti de nuevo para hacer que mis cosas, estando en Ti, tengan continua actitud y vida en Ti, y yo permanezco siempre nada, por eso tomo tu amor y lo hago mío y te digo: “Te amo con amor eterno, inmenso, con un amor que no tiene límites ni fin y que es igual al tuyo”. Y lo besaba y lo volvía a besar, y a medida que repetía “te amo”, Jesús se aquietaba y tomaba reposo y ha desaparecido. Después, volviendo, hacía ver su Santísima Humanidad magullada, herida, desgarrada, dislocada, toda sangre. Yo ante eso he quedado horrorizada y Jesús me ha dicho:

(6) “Hija mía, mira, tengo en Mí a todos los pobres heridos que están bajo las balas y sufro junto con ellos, y quiero que también tú tomes parte en estas penas para su salvación”.

(7) Y Jesús, transformándose en mí, me hacía sentir ahora agonizante, ahora doliente, en suma, sentía lo que sentía Jesús.

 

 

12-27

Noviembre 27, 1917

 

La Santidad del vivir en el Divino Querer está

exenta de interés personal y de pérdida de tiempo.

 

(1) Continúo sólo por obedecer.  Mi siempre amable Jesús parece que tiene ganas de hablar del vivir en su Santísimo Querer; parece que mientras habla de su Santísima Voluntad olvida todo y hace olvidar todo; el alma no encuentra otra cosa que la necesidad, otro bien, que vivir en su Querer.  Entonces mi dulce Jesús, después de haber escrito el día 20 de Noviembre acerca de su Querer, disgustándose conmigo me ha dicho:

(2) “Hija mía, no has dicho todo, quiero que no dejes de escribir ninguna cosa cuando Yo te hablo de mi Querer, aun las más pequeñas cosas, porque todas servirán para bien de los que vendrán.  En todas las santidades ha habido siempre los santos que han dado inicio a las diferentes especies de santidad, así que hubo el santo que inicio la santidad de los penitentes, otro que inició la santidad de la obediencia, otro la de la humildad y así de todas las otras santidades.  Ahora, el inicio de la santidad del vivir en mi Querer quiero que seas tú.  Hija mía, todas las demás santidades no están exentas de pérdida de tiempo y de interés personal, como por ejemplo:  Un alma que vive en todo a la obediencia tiene mucha pérdida de tiempo; aquel hablar y hablar continuado la distraen de Mí, pone la virtud en lugar mío, y si no tiene la oportunidad de tomar todas las órdenes, vive inquieta.  Otra que sufre tentaciones, ¡oh! cuánta pérdida de tiempo, no se cansa de decir todos sus obstáculos y pone la virtud  del sufrimiento en lugar mío, y muchas veces estas santidades se esfuman.  Pero la santidad del vivir en mi Querer está exenta de interés personal, de pérdida de tiempo, no hay peligro de que Me cambien por la virtud, porque el vivir en mi Querer soy Yo mismo.  Esta fue la santidad de mi Humanidad en la tierra, y por eso hizo todo y por todos, y sin la sombra del interés.  El interés propio quita el sello de la santidad divina, por esto jamás puede ser sol, a lo más, por cuan bella sea, puede ser una estrella.  Por eso quiero la santidad del vivir en mi Querer; en estos tiempos tan tristes la generación tiene necesidad de estos soles que la calienten, la iluminen, la fecunden; el desinterés de estos ángeles terrestres, todo para bien de los demás, sin la sombra de interés propio, abrirá el camino en los corazones de todos para recibir mi gracia.

(3) Además, las iglesias son pocas, muchas serán destruidas; muchas veces no encuentro sacerdotes que me consagren, otras veces permiten que almas indignas me reciban, y que almas dignas no me reciban, otras veces las almas no pueden recibirme, así que mi amor se encuentra obstaculizado.  Por eso quiero hacer la santidad del vivir en mi Querer, en ella no tendré necesidad de sacerdotes para consagrarme, ni de iglesias, ni de tabernáculos, ni de hostias, sino que estas almas serán todo junto:  Sacerdotes, iglesias, tabernáculos y hostias.  Mi amor estará más libre, cada vez que quiera consagrarme lo podré hacer, a cada momento, de día, de noche, en cualquier lugar donde esas almas se encuentren, ¡oh, cómo mi amor tendrá su desahogo completo!  ¡Ah, hija mía, la presente generación merece ser destruida del todo, y si permitiré que algo poco quede de ella, es para formar estos soles de la santidad del vivir en mi Querer, que a ejemplo mío me reharán de todo lo que me debían las otras criaturas, pasadas, presentes y futuras.  Entonces la tierra me dará verdadera gloria y mi Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, tendrá su cumplimiento y conclusión”.

 

 

12-44

Abril 25, 1918

 

Jesús juega con Luisa. [2]

 

(1) Estaba diciendo a mi dulce Jesús:  “Vida mía, que mala (cattiva) soy, pero si bien soy mala (cattiva), sé que Tú me quieres mucho”.  Y mi amado Jesús me ha dicho:

(2) “Conquistadora (cattivella) mía, ciertamente que eres cautivadora (cattiva), has conquistado (cattivato) mi Voluntad.  Si conquistabas (cattivavi) mi amor, mi potencia, mi sabiduría, etc., conquistabas (cattivavi) parte de Mí, pero con conquistar (cattivare) mi Voluntad, has conquistado (cattivato) toda la sustancia de mi Ser, que corona todas mis cualidades, por eso me has tomado a todo Mí mismo.  He aquí el por qué te hablo frecuentemente no sólo de mi Voluntad, sino del vivir en mi Querer, porque habiéndolo conquistado (cattivato), quiero que conozcas de Él sus cualidades y el modo de cómo vivir en mi Querer, para poder hacer junto Conmigo vida común e inseparable, y revelarte los secretos de mi Querer.  ¿Podrías ser más conquistadora (cattiva)?”

(3) Y yo:  “Mi Jesús, te burlas de mí; yo quiero decirte que de verdad soy mala (cattiva) y que me ayudes para poder volverme buena”.

(4) Y Jesús:  “Sí, sí”.

(5) Y ha desaparecido.

 

 

12-59

Agosto 12, 1918

 

La pasión predominante de Luisa, que Jesús la

libere del estado en el cual su Voluntad la ha puesto.

 

(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando entre mí que si el Señor quisiera una cosa de mí, debía darme una señal, y era la de liberarme de la venida del sacerdote.  Entonces el bendito Jesús se ha hecho ver en mi interior con una esfera en la mano, como queriendo arrojarla a la tierra, y después me ha dicho:

(2) “Hija mía, ésta es tu pasión predominante, que te libere de las condiciones en las cuales mi Voluntad te ha puesto.  Yo te tengo en este estado por causa de todo el mundo, y me sirvo de ti para no arrojarlo y destruirlo del todo; en cambio, cualquier otra cosa con la cual tú pudieras hacer el bien, sería solamente una pequeña parte”.

(3) Y yo:  “Jesús mío, yo no sé entenderlo, me tienes sin sufrir, parece que me tienes suspendida del estado de víctima, y luego me dices que te sirves de mí para no destruir al mundo del todo”.

(4) Y Jesús:  “Sin embargo es falso que no sufres, a lo más no sufres penas tales para desarmarme del todo, y si alguna vez quedas suspendida no es por parte tuya, por tu querer, porque si fuera así entraría tu voluntad.  ¡Ah! tú no puedes comprender la dulce violencia que me haces con tu esperar, con sentirte suspendida, con no verme como antes, y a pesar de esto permanecer en tu puesto, sin apartarte en nada; y además quiero ser libre sobre ti, cuando me agrade te tendré suspendida, cuando no te tendré atada; te quiero en poder de mi Voluntad, sin tu voluntad; si estás contenta así podemos continuar, de otra manera no”.

(5) Otro día me sentía mal, con el continuo devolver todo lo que como, y le estaba diciendo a mi dulce Jesús:  “Amor mío, ¿qué pierdes con darme la gracia de no sentir necesidad de tomar alimento, pues me veo obligada a devolverlo todo?”  Lo digo sólo por obedecer.  Y mi amable Jesús me ha dicho:

(6) “Hija mía, ¿qué dices?  Calla, calla, no lo digas más.  Debes saber que si tú no tuvieras necesidad de alimento, Yo haría morir de hambre a los pueblos, pero teniendo tú necesidad, pudiendo servir a tus necesidades, Yo, por amor tuyo y por causa tuya, doy las cosas necesarias a las criaturas, así que si te escuchara querrías mal a los demás; en cambio, con tomar el alimento y luego devolverlo, haces bien a los demás y tu sufrir me glorifica.  Es más, cuántas veces mientras devuelves te veo sufrir, y como sufres en mi Voluntad Yo tomo tu sufrir, lo multiplico y lo divido a bien de las criaturas y gozo y digo entre Mí:  Este es el pan de mi hija que Yo doy para bien de mis hijos”.

 

 

12-83

Febrero 9, 1919

 

Temores de Luisa.  Jesús le dice que la eligió desde la

eternidad para la Santidad del vivir en la Divina Voluntad.

 

(1) Retomo lo que está escrito el 29 de enero.  Estaba diciendo a mi dulce Jesús:  “¿Será posible que yo sea el segundo anillo de conjunción con tu Humanidad?  Hay almas tan queridas para Ti, ante las cuales yo no merezco ni estar bajo sus pies, y además está tu indivisible Mamá, la cual ocupa el primer lugar en todo y sobre todo, me parece dulce amor mío que quieres decirme mentiras, no obstante me veo obligada por la obediencia, con el más grande desgarro de mi alma, a ponerlo por escrito; Jesús mío, ten piedad de mi duro martirio”.  Mientras esto decía, mi siempre amable Jesús, acariciándome me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿por qué te inquietas?  ¿No es acaso mi costumbre elegir de entre el polvo y formar de él grandes portentos, prodigios de Gracia?  Todo el honor es mío, y cuanto más débil e ínfimo el sujeto, tanto más quedo en él glorificado.  Y además, mi Mamá no entra en la parte secundaria de mi amor, de mi Querer, sino que forma un solo anillo Conmigo, y también es cierto que tengo muchas almas queridísimas por Mí, pero esto no excluye que pueda elegir a una en vez de otra a la altura de un oficio, y no sólo de oficio, sino altura tal de santidad, cual conviene para vivir en mi Querer.  Las gracias que no eran necesarias a los demás a quienes no llamaba a vivir en esta inmensidad de santidad de mi Voluntad, son necesarias para ti, a quien elegí desde la eternidad.  En estos tiempos tan tristes te elegí a ti, para que viviendo en mi Querer me dieras amor divino, reparaciones y satisfacciones divinas, las cuales se encuentran sólo en el vivir en mi Querer.  Los tiempos, mi amor, mi Querer lo requería, el desahogarme más en amor ante tanta impiedad humana, ¿no puedo acaso hacer lo que quiero?  ¿Acaso puede atarme alguien?  No, no, por eso tranquilízate y seme fiel”.

 

 

 

 

 

12-85

Febrero 13, 1919

 

Jesús le habla de su nuevo oficio.

 

(1) Continuando mi habitual estado, buscaba con ansia a mi siempre amable Jesús, y Él todo bondad ha venido y me ha dicho:

(2) “Hija amada de mi Querer, ¿quieres venir en mi Voluntad a sustituir en modo divino a tantos actos no hechos por todos nuestros hermanos?  ¿A tantos otros hechos humanamente, y a otros actos santos, sí, pero humanos y no en orden divino?  Yo todo lo he hecho en el orden divino, pero no estoy contento aún, quiero que la criatura entre en mi Voluntad y en modo divino venga a besar mis actos, sustituyéndose a todo como hice Yo; por eso ven, ven, lo suspiro, lo deseo tanto, que hago fiesta cuando veo que la criatura entra en este ambiente divino y multiplicándose junto Conmigo se multiplica en todos, y ama, repara, sustituye a todos y por cada uno en modo divino.  Las cosas humanas no las reconozco más en ella, sino todas son cosas mías, mi amor surge y se multiplica, las reparaciones se multiplican al infinito, las sustituciones son divinas; ¡qué alegría, qué fiesta!  Los mismos santos se unen Conmigo y hacen fiesta, y esperan con ardor que una hermana suya sustituya sus mismos actos santos en el orden humano, pero no en el orden divino; me suplican que pronto haga entrar en este ambiente divino a la criatura, y que todos sus actos sean sustituidos sólo con el Querer Divino y con el sello del Eterno.  Yo lo he hecho por todos, ahora quiero que lo hagas tú por todos”.

(3) Y yo:  “Mi Jesús, tu hablar me confunde, y sé que Tú solo bastas para todo, y además, todo es cosa tuya”.

(4) Y Jesús:  “Es cierto que Yo solo basto por todos; ¿y no soy Yo libre de elegir a una criatura, y junto Conmigo darle el oficio y hacerla bastar por todos?  Y además, ¿qué te importa a ti que sea cosa mía?  ¿Tal vez lo que es mío no puedo dártelo a ti?  Éste es todo mi contento, darte todo, y si tú no me correspondes y no lo aceptas me dejarás descontento, y toda la cadena de gracias que te he hecho para hacerte llegar a este punto de llamarte a este oficio, me la dejas defraudada”.

(5) Yo he entrado en Jesús, y hacía lo que hacía Jesús.  ¡Oh, cómo veía con claridad lo que Él me había dicho!  Con Él quedaba multiplicada en todos, también en los santos.  Pero volviendo en mí misma una duda se ha suscitado en mí, y Jesús ha agregado:

(6) “Un solo acto de mi Voluntad, y aun un solo instante, está lleno de Vida creadora, y quien contiene esta Vida, en ese instante puede dar vida a todo y conservar todo, así que de este solo acto de mi Voluntad, el sol recibe la vida de la luz, la tierra su conservación, las criaturas la vida; ¿por qué dudas tú entonces?  Y además, tengo mi corte en el Cielo, pero quiero otra sobre la tierra.  ¿Adivinas tú quién formará esta corte?”

(7) Y yo:  “Las almas que vivirán en tu Querer”.

(8) Y Él:  “Bravo, son propiamente ellas, que sin la sombra del interés y de la santidad personal, sino toda divina, vivirán para bien de sus hermanos y harán un solo eco con el Cielo”.

 

 

 

12-146

Enero 7, 1921

 

La sonrisa de Jesús cuando vea las primicias, las hijas de su Querer,

vivir no en el ambiente humano, sino en el ambiente Divino.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido y me ha rodeado el cuello con su brazo; después se ha acercado a mi corazón, y tomándose entre sus manos su pecho, lo apretaba sobre mi corazón y de ahí salían ríos de leche, y de esos ríos de leche llenaba mi corazón, y después me ha dicho:

(2) “Hija mía, mira cuánto te amo, he querido llenar todo tu corazón de la leche de la gracia y del amor, así que todo lo que dirás y harás no será otra cosa que el desahogo de la gracia de la que te he llenado.  Tú nada harás, sólo pondrás tu querer en mi Voluntad y Yo haré todo; tú no serás otra cosa que el sonido de mi voz, la portadora de mi Querer, la destructora de las virtudes en modo humano y la que hará resurgir las virtudes en modo divino, selladas por un punto eterno, inmenso, infinito”.

(3) Dicho esto ha desaparecido.  Poco después ha regresado y yo me sentía toda aniquilada, especialmente al pensar en ciertas cosas que no es necesario decir aquí.  Mi aflicción era extrema, y decía entre mí: “¿Es posible que suceda esto?  ¡Ah, Jesús mío, no lo permitas!  Tal vez Tú quieras la voluntad, pero no el acto de este sacrificio, y además, en el duro estado en el que me encuentro no aspiro a otra cosa que al Cielo”.  Y Jesús saliendo de mi interior ha sollozado; aquel sollozo se repercutía en el Cielo y en la tierra, pero mientras estaba por terminar el sollozo, ha tenido una sonrisa, que igual que el sollozo se repercutía en el Cielo y en la tierra.  Yo he quedado encantada y mi dulce Jesús me ha dicho:

(4) “Amada hija mía, a tanto dolor que las criaturas me dan en estos tristes tiempos, tanto que me hacen llorar, y siendo llanto de un Dios por eso se repercute en el Cielo y en la tierra, pero este dolor se sustituirá por una sonrisa que llenará de alegría Cielo y tierra, y esta sonrisa despuntará sobre mis labios cuando vea las primicias, las hijas de mi Querer, vivir no en el ambiente humano sino en el ambiente divino, las veré selladas todas por el Querer eterno, inmenso, infinito; veré aquel punto eterno que tiene vida sólo en el Cielo correr sobre la tierra, y modelar las almas con sus principios infinitos, con el obrar divino, con la multiplicación de los actos en un solo acto; y así como la Creación salió del Fiat, así en el Fiat será completada, así que sólo las hijas de mi Querer, en el Fiat completarán todo, y en mi Fiat que tomará vida en ellas, tendré amor, gloria, reparaciones, agradecimientos y alabanzas completas, y por todo y por todos.  Hija mía, las cosas, de donde salen allá regresan, todo salió del Fiat, y en el Fiat vendrá todo a Mí.  Serán pocas, pero en el Fiat todo me darán”.

 

12-147

Enero 10, 1921

 

El Fiat Mihi de la Santísima Virgen.  Dios quiere un

segundo “sí” en su Querer:  El Fiat de Luisa.

 

(1) Estaba pensando acerca de lo que está escrito en el capítulo anterior, y decía entre mí:  “Yo no sé que querrá Jesús de mí, Él sabe cuan mala soy y cómo no soy buena para nada”.  Y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, recuérdate que años atrás te pregunté si querías hacer vida en mi Querer, y como te quería en mi Querer, quise que en mi mismo Querer pronunciaras tu “sí”; este “sí” quedó atado a un punto eterno y a una Voluntad que no tendrá fin; este “sí” está en el centro de mi Querer y rodeado por una inmensidad infinita, y queriéndose salir no encuentra el camino, por eso me río y me divierto con tus pequeñas oposiciones y descontentos, viéndote como una persona atada en el fondo del mar por su propia voluntad, que queriéndose salir no encuentra sino agua por todas partes, y como está atada en el fondo del mar siente la molestia de quererse salir, y para estarse tranquila y feliz se arroja más en el fondo del mar.  Así Yo, viéndote inquieta, como si quisieras salir, y no pudiendo, atada por tu mismo “sí”, te arrojas más en el fondo de mi Querer, y Yo me río y me divierto.  Y además, ¿crees tú que sea cosa de nada y fácil salirse de dentro de mi Querer?  Te saldrías de un punto eterno, y si supieras qué significa apartarse de un punto eterno, temblarías de espanto por ello”.

(3) Luego ha agregado:  “El primer “sí” en mi Fiat lo he pedido a mi querida Mamá, y ¡oh potencia de su Fiat en mi Querer!  En cuanto el Fiat Divino se encontró con el Fiat de mi Mamá, se hicieron uno solo; mi Fiat la elevó, la divinizó, la cubrió, y sin obra humana me concibió a Mí, Hijo de Dios.  Sólo en mi Fiat podía concebirme; mi Fiat le comunicó la inmensidad, la infinitud, la fecundidad en modo divino, y por eso pude quedar concebido en Ella, Yo, el inmenso, el eterno, el infinito.  En cuanto dijo “Fiat Mihi”, no sólo se posesionó de Mí, sino cubrió también a todas las criaturas, a todas las cosas creadas, sentía todas las vidas de las criaturas en Ella, y desde entonces comenzó a hacerla de Madre y de Reina de todos.  ¡Cuántos portentos no contiene este “sí” de mi Mamá!  Si los quisiera decir todos, jamás terminarías de escucharlos!

(4) Ahora, un segundo “sí” en mi Querer te lo he pedido a ti, y tú, si bien temblando, lo pronunciaste; ahora este “sí” en mi Querer tendrá también sus portentos, tendrá un cumplimiento divino.  Tú sígueme y profundízate más en el mar inmenso de mi Voluntad, y Yo me pensaré en todo.  Mi Mamá no pensó cómo habría hecho para concebirme en Ella, sino sólo dijo “Fiat Mihi” y Yo pensé en el modo cómo concebirme.  Así harás tú”.

 

 

 

12-154

Marzo 2, 1921

 

Jesús cambia a Luisa el oficio de víctima

por aquel de preparar la era de su Voluntad.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús al venir me ha dicho:

(2) “Hija mía, el tercer Fiat, mi Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, será como el arco iris que se vio en el Cielo después del diluvio, que como iris de paz aseguraba a los hombres que el diluvio había cesado.  Así será del tercer Fiat, conforme se conozca y almas amantes y desinteresadas entren a hacer vida en mi Fiat, serán como arco iris de paz, pacificarán el Cielo y la tierra, y harán huir el diluvio de tantas culpas que inundan la tierra.  Estos iris de paz tendrán por vida el tercer Fiat, así que mi Fiat Voluntas Tua tendrá cumplimiento en ellas; y así como el segundo Fiat me llamó a la tierra a vivir entre los hombres, así el tercer Fiat llamará a mi Voluntad en las almas, y ahí reinará como en el Cielo así en la tierra”.

(3) Después ha agregado, estando yo triste por su ausencia:

(4) “Hija mía, elévate, ven en mi Voluntad, te he elegido entre miles y miles a fin de que mi Querer tenga pleno cumplimiento en ti, y seas cual iris de paz, que con sus siete colores atraiga a los demás a hacer vida en mi Voluntad, por eso, hagamos a un lado la tierra.  Hasta ahora te he tenido junto Conmigo para aplacar mi justicia e impedir que castigos más duros llovieran sobre la tierra; ahora dejemos correr la corriente de la maldad humana, y tú junto Conmigo, en mi Querer, quiero que te ocupes en preparar la era de mi Voluntad.  Conforme te adentrarás en el camino de mi Querer se formará el arco iris de paz, el cual formará el anillo de conjunción entre la Voluntad Divina y la humana, por lo cual tendrá vida mi Voluntad en la tierra y tendrá principio el cumplimiento de mi oración y de toda la Iglesia:  “Venga tu Reino, hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra”.

 

 

12-155

Marzo 8, 1921

 

La Virgen con su amor llamó al Verbo a encarnarse en su

seno.  Luisa con su amor y el fundirse en el Querer Divino,

llama a la Divina Voluntad a hacer vida en ella en la tierra.

 

(1) Mientras rezaba estaba fundiéndome toda en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, y poniendo un brazo en el cuello me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Mamá con su amor, con sus oraciones y con su aniquilamiento, me llamó del Cielo a la tierra a encarnarme en su seno.  Tú, con tu amor y con el perderte siempre en mi Querer, llamarás a mi Voluntad a hacer vida en ti en la tierra, y después me darás vida en las demás criaturas.  Ahora, has de saber que mi Mamá con haberme llamado del Cielo a la tierra en su seno, siendo esto que hizo, acto único, que no se repetirá, Yo la enriquecí de todas las gracias, la doté de tanto amor, de hacerla sobrepasar el amor de todas las criaturas unidas juntas, la hice ser primera en los privilegios, en la gloria, en todo, podría decir que todo el Eterno se redujo a un solo punto y se vertió en Ella a torrentes, a mares inmensos, tanto, que todos quedan muy por debajo de Ella.

(3) Tú, con llamar a mi Voluntad en ti, es también acto único, por tanto, por decoro de mi Voluntad que debe habitar en ti, debo derramar tanta gracia y tanto amor de hacerte superar a todas las demás criaturas, y como mi Voluntad tiene la supremacía sobre todo, es eterna, inmensa, infinita, donde debe tener principio y cumplimiento la vida de mi Voluntad, debo comunicarle, enriquecerla y dotarla con las mismas cualidades de mi Voluntad, dándole la supremacía sobre todo.  Mi Querer eterno tomará el pasado, el presente y el futuro, los reducirá en un solo punto y lo derramará en ti.  Mi Voluntad es eterna y quiere tomar vida donde encuentre lo eterno, es inmensa y quiere vida en la inmensidad, es infinita y quiere encontrar la infinitud, ¿y cómo puede encontrar todo esto si primero no lo pongo en ti?”

(4) Yo, al escuchar todo esto he quedado espantada y aturdida, y si lo he escrito es porque la obediencia se ha impuesto, y he dicho: “Jesús, ¿qué dices?  Quieres confundirme y humillarme hasta el polvo, siento que ni siquiera puedo aguantar lo que dices, siento un terror que toda me espanta”.

(5) Y Jesús ha agregado: “Lo que te digo me servirá a Mí mismo, es necesario a la santidad y a la dignidad de mi Voluntad; Yo no me abajo a habitar donde no encuentro las cosas que me pertenecen, tú no serás otra cosa que la depositaria de un bien tan grande, y debes ser celosa en custodiarlo, por eso ten ánimo y no temas.

 

 

 

 

14-29

Mayo 15, 1922

 

Lamentos y temores de Luisa.  Jesús le hace ver cuánto la ama.

 

(1) Continuando mi habitual estado, me sentía toda oprimida por la privación de mi dulce Jesús.  Ahora, mientras rezaba he sentido como si una persona estuviera detrás de mi espalda, y yo no sabiendo que era Jesús tuve un escalofrío de miedo, y Él ha extendido su brazo, y tomando mi mano en la suya me ha dicho:

(2) “Luisa, no temas, soy Yo”.

(3) Y yo, oprimida como estaba y cansada de esperarlo he dicho:  “Se ve, ¡oh! Jesús, que ya no me quieres como antes, me has quitado todo, hasta el sufrir; me habías quedado sólo Tú, y frecuentemente te desapareces y no sé cómo hacer, ni donde encontrarte; ¡ah! es verdad, ya no me quieres”. Y Jesús tomando aspecto digno, que hacía temer, ha agregado:

(4) Tú me ofendes al decirme que ya no te quiero como antes, pon mucha atención, pues la sola sospecha de que no te amo es para Mí la más grande afrenta  ¡Cómo, no te amo!  ¡Cómo, no te amo!  ¿Así que tienes por nada todas las gracias que te estoy haciendo?”

(5) Yo he quedado confundida y temblaba de verdad al ver el aspecto severo de Jesús, y en el fondo de mi corazón imploraba perdón y piedad, y Él, tomando un aspecto más suave:

(6) “Prométeme no decirlo más, y para hacerte ver que te amo quiero hacerte sufrir dándote parte en mis penas”.

(7) Entonces después de haber sufrido un poco, ha continuado:

(8) “Ahora quiero hacerte ver cómo te amo”.

(9) Y me hacía ver su corazón abierto, y de dentro salían mares inmensos de potencia, de sabiduría, de bondad, de amor, de belleza, de santidad, y en el centro de cada uno de estos mares estaba escrito:  “Luisa, hija de mi inmensidad, hija de mi potencia, hija de mi sabiduría, hija de mi bondad, hija de mi amor, hija de mi belleza, hija de mi santidad”.  Yo por cuanto más veía, tanto más quedaba confundida, y Jesús continuó:

(10) “¿Has visto cuánto te amo, y cómo no sólo en mi corazón, sino en todos mi atributos llevo escrito tu nombre?  Y este nombre tuyo escrito en Mí hace abrir siempre nuevas corrientes de gracia, de luz, de amor, etc., hacia ti, ¿y no obstante dices que no te amo?  ¿Cómo puedes siquiera sospecharlo?”

(11) Sólo Jesús sabe cómo he quedado aplastada, pensando que había ofendido a mi Jesús, y además en su presencia.  ¡Oh, Dios, qué pena, cómo es fea la culpa!

 

 

 

14-42

Julio 14, 1922

 

Dios es llevado a generar seres similares a Él. Luisa,

generadora del Reino de la Divina Voluntad en los demás.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús me ha transportado fuera de mí misma, hasta el seno del Eterno; pero mientras nadaba en aquel seno, sin saber decir lo que sentía y comprendía, porque me faltan las palabras para expresarme, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija amada de nuestra Voluntad, te he traído al seno de nuestra Divinidad a fin de que tu querer se extienda mayormente en el nuestro y tome parte en nuestro modo de obrar.  Nuestra Divinidad es llevada naturalmente a la generación, no hace otra cosa que generar continuamente, y todas las cosas creadas por Nosotros llevan consigo la virtud de generar:  El sol genera la luz en cada ojo humano, en cada obra y paso, parece que se multiplica por cada hombre, por cada planta y por cada punto de la tierra, si no tuviera la virtud, la conexión con su Creador generador, el sol jamás podría dar luz a todos ni estar a disposición de cada uno; la flor genera otra flor toda igual a ella; la semilla genera otra semilla; el hombre genera otro hombre; así que todas las cosas llevan consigo la virtud de su Creador de generar, así que somos llevados naturalmente a generar y a reproducir seres semejantes a Nosotros, por eso te he llamado en nuestro seno, a fin de que viviendo con Nosotros, tu querer, difundiéndose en el nuestro se agrande, genere junto con Nosotros santidad, luz, amor, y multiplicándose junto con Nosotros en todos, genere en los demás lo que ha recibido de Nosotros.  Lo único que nos queda por hacer respecto a la Creación, es que nuestra Voluntad obre en la criatura como obra en Nosotros; nuestro amor quiere hacer salir de nuestro seno a nuestra Voluntad para ponerla en la criatura, pero va buscando a quien esté dispuesta, quien la conozca y la aprecie, y genera en ella lo que genera en Nosotros.  He aquí por qué tantas gracias, tantas manifestaciones sobre mi Voluntad, es la santidad de mi Querer que lo exige, que antes que sea puesta en el alma sea conocida, amada y reverenciada, y que pueda desenvolver en ella toda su virtud y potencia, y sea cortejada por nuestras mismas gracias.  Así que todo lo que te hago a ti, no es otra cosa que amueblar y adornar la morada a mi Voluntad, por eso sé atenta, aquí en nuestro seno aprenderás mejor nuestros modos y recibirás todas las prerrogativas que conviene a los designios que hemos formado sobre ti”.

 

 

 

14-64

Octubre 3, 1922

 

Necesidad de que la Virgen estuviera al día de las penas internas de Jesús

 

(1) Continuando mi habitual estado, me sentía oprimida porque el bendito Jesús frecuentemente permite que yo sufra mientras está presente el confesor, y me lamentaba con Él diciéndole:  “Amor mío, te pido, te suplico, no permitas más que sufra en presencia de alguien, haz que todo pase entre Tú y yo, y que únicamente Tú conozcas mis penas.  ¡Ah! conténtame, dame tu palabra de que no lo harás más, es más, hazme sufrir el doble, estaré contenta con tal de que todo quede oculto entre Tú y yo”.  Y Jesús interrumpiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, no te abatas, cuando mi Voluntad lo quiere, también tú debes ceder, y además, esto no es otra cosa que un paso de mi Vida.  Mi misma Vida oculta, mis penas internas y todo lo que hice, tuvieron siempre al menos uno o dos espectadores, y esto con razón, por necesidad y para obtener la finalidad de mis mismas penas.  El primer espectador fue mi Padre Celestial, a quien nada podía escaparle siendo Él mismo el que me infligía las penas, era actor y espectador; si mi Padre no hubiera visto ni hubiera sabido nada, ¿cómo podía darle satisfacción, darle la gloria, e inclinarlo ante la vista de mis penas a misericordia para el género humano?  Entonces la finalidad no se hubiera logrado.  En segundo lugar mi Mamá fue espectadora de todas las penas de mi Vida oculta, y esto era necesario, pues si Yo había venido del Cielo a la tierra para sufrir, no para Mí sino para bien de los demás, debía tener por lo menos a una criatura en la cual debía apoyar aquel bien que contenían mis penas, y así mover a mi amada Mamá a agradecerme, a alabarme, a amarme, a bendecirme, y a hacerla admirar el exceso de mi bondad, tanto que Ella, conmovida y raptada ante la vista de mis penas, me rogaba que en vista del gran bien que le llevaban mis penas, no la eximiera de fundirse con mis mismas penas para sufrirlas, para darme la correspondencia y ser mi perfecta imitadora.  Si mi Mamá no hubiera visto nada, no habría tenido mi primera imitadora, no habría tenido ningún gracias, ninguna alabanza; mis penas, el bien que contenían, habrían quedado sin efecto, porque no conociéndolas ninguno, no podía hacer el primer apoyo, así que la finalidad del gran bien que debía recibir la criatura se habría perdido.  Mira cuán necesario era que al menos una sola criatura estuviera al tanto de mis penas.  Si esto fue para Mí, quiero que sea también de ti, es más, te digo que quiero al confesor obrante junto Conmigo, espectador y depositario de las penas que te hago sufrir, a fin de que también él participe en el bien, y teniéndolo junto pueda excitarlo de más en la fe e infundirle luz y amor para hacerle comprender las verdades que te voy manifestando”.

(3) Yo he quedado más que nunca oprimida al oír esto, y mientras esperaba misericordia he encontrado justicia e irremovilidad por parte de Jesús.  ¡Oh, Dios, qué pena!  Y viéndome más afligida ha agregado:

(4) “Hija mía, ¿esto es lo mucho que me quieres?  Los tiempos son tan tristes, y los males que vendrán son demasiado espeluznantes, y cuando no puedas tú sola impedir todo el curso a mi justicia, lo podréis entre los dos, y deberías decir tú misma que te hiciera sufrir.  Por eso resígnate también en esto y ten paciencia, lo quiere tu Jesús, y basta”.

 

 

15-18

Abril 25, 1923

 

La Voluntad de Dios es el camino real que conduce a la Santidad de la

semejanza del Creador.  Luisa continuando de donde se quedó Adán,

Dios la constituye como cabeza de todos y portadora de la felicidad

y bienes que habían sido asignados a todos.

 

(1) Estaba rezando y mi dulce Jesús ha venido, poniéndose junto a mí para rezar junto conmigo, más bien su inteligencia se reflejaba en la mía y yo rezaba con la suya, su voz hacía eco en la mía y rezaba con su palabra; ¿pero quién puede decir los efectos interminables de esta plegaria?  Después mi amado Jesús me ha dicho:

(2) "Hija mía, he querido rezar junto contigo para reafirmarte en mi Voluntad y darte la gracia de encontrarte ante la Majestad Suprema en el acto de la creación del hombre, y como lo dotamos de todos los bienes y su voluntad era la nuestra, y la nuestra la suya, todo era armonía entre él y Nosotros, lo que quería tomaba de Nosotros:  Santidad, sabiduría, potencia, felicidad, etc., era nuestro prototipo, nuestro retrato, nuestro hijo feliz, así que Adán en el principio de su existencia tuvo una época en que cumplía a maravilla la finalidad para la cual fue creado, probó qué significa vivir del Querer de su Creador, éramos felices mutuamente al ver reproducir en nuestra imagen nuestros mismos actos.  Luego, en cuanto rompió su voluntad con la nuestra, quedó dividido de Nosotros; por lo tanto los primeros actos del hombre están en nuestra Voluntad, y Yo no quiero otra cosa de ti, sino que vengas en nuestro Querer para seguir de donde Adán dejó, para poder vincular en ti todas las armonías que él rompió; y así como esta primera criatura habiendo sido creada por Nosotros como cabeza de toda la familia humana, con sustraerse de nuestro Querer llevó la infelicidad a todos, así tú con venir a continuar de donde él dejó, te constituimos como cabeza de todos, y por lo tanto portadora de aquella felicidad y bienes que habían sido asignados a todos si hubiesen vivido en nuestro Querer".

(3) Y yo:  "Mi Jesús, cómo puede ser posible esto, si con venir Tú mismo sobre la tierra a redimirnos y a sufrir tantas penas, no se adquirió la felicidad que el primer hombre perdió para sí y para todos, ¿cómo puede ser ahora que con vincularme en tu Eterno Querer pueda restituir esta felicidad perdida?"

(4) Y Jesús:  "Hija mía, todos los tiempos están en mis manos, doy a quien quiero, y para eso me sirvo de quien quiero.  Muy bien habría podido traer la felicidad que contiene mi Voluntad sobre la tierra, pero no encontré ninguna voluntad humana que quisiera hacer vida perenne en la mía, para reanudar los vínculos de la Creación y darme nuevamente todos los actos del primer hombre como si los hubiera hecho todos con el sello de la Voluntad Suprema, y por eso poner a disposición de todos la felicidad perdida.  Es verdad que estaba mi amada Mamá, pero Ella debía cooperar junto Conmigo a la Redención.  Además, el hombre era esclavo, aprisionado por sus mismas culpas, enfermo, cubierto de llagas, las más asquerosas, y Yo como padre amante venía a desembolsar mi sangre para rescatarlo, venía como médico a curarlo, como maestro a enseñarle el camino, el medio para no dejarlo precipitar en el infierno; pobre enfermo, cómo habría podido espaciarse en los eternos vuelos de mi Querer si no sabía caminar; si Yo hubiese querido dar la felicidad que contiene mi Voluntad, hubiera sido como darla a los muertos y hacerla pisotear, el hombre estaba indispuesto para recibir tanto bien y por eso quise enseñar la oración para disponerlos, y me conformé con esperar otras épocas, dejar pasar siglos y siglos para hacer conocer el vivir en mi Querer, para dar el principio a esta felicidad".

(5) Y yo:  "Amor mío, si con tu Redención no todos se salvan, ¿cómo puede ser que tu Voluntad dará a todos esta felicidad?"

(6) Y Jesús:  "El hombre será siempre libre, no le quitaré jamás los derechos que le di al crearlo; sólo que en la Redención vine a abrir tantos caminos, sendas, atajos para facilitar la salvación, la santidad del hombre; con mi Voluntad vengo a abrir el camino real y directo que conduce a la santidad de la semejanza de su Creador y que contiene la verdadera felicidad, pero a pesar de todo esto serán siempre libres de quedarse, quién en el camino real, quién en los senderos, y quién fuera del todo, pero estará en el mundo lo que ahora no hay, la felicidad del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra.  El hombre hizo los primeros actos en mi Querer y después se sustrajo, por eso arruinó todo, y como era la cabeza de todos, junto se arruinaron los miembros.  Mi Humanidad formó el plano de todos los actos humanos en la Voluntad Divina, mi Mamá me siguió fielmente, así que todo está preparado; ahora no se necesita otra cosa, que otra criatura que queriendo vivir perennemente en este Querer, venga a tomar la posesión del plano hecho por Mí, y abra este camino real a todos, el cual conduce a la felicidad terrenal y Celeste".

 

 

15-19

Abril 28, 1923

 

Luisa debe pisar la cabeza infernal.  El vivir en el Divino Querer es

el triunfo completo del Creador sobre la criatura.  La finalidad

principal de la venida de Jesús a la tierra fue que la Voluntad

Divina triunfe sobre la voluntad humana.

 

(1) Me sentía como inmersa en la luz interminable de la eterna Voluntad, y mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) "Hija mía, mi Divinidad no tiene necesidad de obrar para hacer salir sus obras, basta sólo el quererlas, así que quiero y hago; las obras más grandes, más bellas, salen fuera sólo con que las quiera; en cambio la criatura aunque las quisiera, si no trabaja, no se mueve, nada hace.  Ahora, para quien hace suyo mi Querer y vive en Él como en su propia morada, le viene comunicado, por cuanto a criatura es posible, el mismo poder".

(3) Mientras esto decía, me sentía jalar fuera de mí misma, y encontraba bajo mis pies a un feo monstruo que se mordía todo por la rabia, y Jesús estando cerca de mí ha agregado:

(4) "Así como mi Virgen Madre aplastó la cabeza a la serpiente infernal, así quiero que otra virgen, que debe ser la primera poseedora de la Voluntad Suprema, aplaste de nuevo aquella cabeza infernal, para aplastarlo y debilitarlo en modo de arrojarlo en el infierno, a fin de que tenga pleno dominio sobre de él y no ose acercarse a quien debe vivir en mi Querer, por eso pon tu pie sobre su cabeza y aplástalo".

(5) Yo, osadamente lo he hecho, y aquél se mordía de más y para no sentir mi contacto se escondía en los más obscuros abismos.  Entonces Jesús ha dicho:

(6) "Hija mía, tú crees que sea nada el vivir en mi Querer, no, no, más bien es el todo, es el cumplimiento de todas las santidades, es el dominio absoluto de sí mismo, de sus pasiones y de sus capitales enemigos, es el triunfo completo del Creador sobre la criatura, así que si ella se adhiere y Yo logro que viva en mi Querer, sin querer conocer más su querer, no tengo más que querer de la criatura, y ella no tiene más que darme, todas mis ansias están cumplidas, realizados mis designios, no queda más que hacernos felices mutuamente.  Es verdad que vine a la tierra para redimir al hombre, pero mi finalidad principal fue que la Voluntad Divina triunfase sobre la voluntad humana poniendo de acuerdo estas dos voluntades y hacer de ellas una sola, con llevarla en aquella Voluntad de donde había salido.  Era esta la principal ofensa que mi Padre Celestial recibió del hombre, y Yo debía resarcirlo, de otra manera no le habría dado plena satisfacción.  Pero para obtener la primera finalidad debí primero poner fuera la segunda, esto es, salvarlo, darle la mano porque estaba caído, lavarlo del fango en el cual yacía; ¿cómo podía decir ven a vivir en mi Querer, si era horrible al verse y estaba bajo la esclavitud del enemigo infernal?  Entonces, después de haber obtenido la segunda finalidad, quiero poner a salvo la primera, que mi Voluntad se haga en la tierra como en el Cielo, y el hombre salido de mi Voluntad reentre de nuevo en Ella, y para obtener esto, doy a esta primera criatura todos mis méritos, todas mis obras, los pasos, mi corazón palpitante, mis llagas, mi sangre, toda mi Humanidad, para disponerla, para prepararla, para hacerla entrar en mi Voluntad, porque primero debe tomar el fruto completo de mi Redención, y como en triunfo entrar en posesión del mar inmenso de mi Suprema Voluntad, no quiero que entres como extraña sino como hija, no pobre sino rica, no fea sino bella, como si fueras otro Yo.  Por eso quiero concentrar toda mi Vida en ti".

(7) Y mientras esto decía salían de Él como tantos mares que se vertían sobre de mí, y yo quedaba dentro, abismada, y al mismo tiempo un sol que expandía su luz, porque recibía el fruto completo de la Redención para poder dar el fruto completo de su Querer a la criatura, era el Sol del Eterno Querer que festejaba la entrada de la voluntad humana en la suya.

(8) Y Jesús:  “Esta mi Voluntad Divina creció como una flor en mi Humanidad, la cual Yo trasplanté del Cielo al verdadero edén de mi Humanidad terrenal; germinó en mi sangre, brotó de mis llagas para hacer de Ella el don más grande a la criatura, ¿no quieres recibirlo tú?”

(9) Y yo:  "Sí".

(10) Y Él:  "Quiero trasplantarla en ti, ámala y debes saber custodiarla".

 

 

 

 

16-29

Noviembre 10, 1923

 

Cómo es bella la pequeñez.  El Señor obra las cosas más grandes

con los pequeños:  Para la Redención se sirvió de la pequeñez de la

Santísima Virgen, y para el Fiat Voluntas Tua de la pequeñez de Luisa.

 

(1) Estaba abandonándome toda en los brazos de mi dulce Jesús, y mientras oraba veía a mi pobre alma pequeña, pequeña, pero de una pequeñez extrema y pensaba entre mí:  “Cómo soy pequeña, tenía razón Jesús en decirme que yo era la más pequeña de todos, quisiera verdaderamente saber si entre todos yo soy la más pequeña”.  Ahora, mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior me hacía ver que tomaba en sus brazos a esta pequeña y se la estrechaba fuerte a su corazón, y ella se dejaba hacer lo que Jesús quería, y me ha dicho:

(2) “Mi querida pequeñita, te he escogido pequeña porque los pequeños se dejan hacer lo que se quiere, no caminan por sí mismos, sino que se hacen conducir, es más, tienen miedo de dar un paso por sí solos; si reciben dones, sintiéndose incapaces de custodiarlos los depositan en el regazo de la mamá; los pequeños están despojados de todo, no se ocupan de si son ricos o pobres, no se preocupan de nada.  ¡Oh! cómo es bella la edad infantil, llena de gracia, de belleza y de frescura.  Por eso, por cuanto más grande es la obra que quiero realizar en un alma, tanto más pequeña la escojo, me gusta mucho la frescura y la belleza infantil, me gusta tanto que la conservo en la pequeñez de la nada, de donde ha salido, nada de propio hago entrar en ella para no hacerle perder su pequeñez y así conservarle la frescura y la belleza divina, de donde ha salido”.

(3) Entonces yo al oír esto he dicho:  “Jesús, amor mío, me parece que soy muy mala, y por eso soy tan pequeña, y Tú dices que me amas mucho porque soy pequeña, ¿cómo puede ser?”

(4) Y Jesús de nuevo:  “Pequeñita mía, en los verdaderos pequeños no puede entrar la maldad, ¿sabes tú cuándo comienza a entrar el mal, el crecimiento?  Cuando comienza a entrar el propio querer.  A medida que éste entra, la criatura comienza a llenarse y a vivir de sí misma, y el Todo sale de la pequeñez de la criatura, y a ella le parece que su pequeñez se engrandece, pero grandeza de llorar, no viviendo Dios del todo en ella, se aparta de su principio, deshonra su origen, pierde la luz, la belleza, la santidad, la frescura de su Creador, parece que crece ante sí misma y quizá ante los hombres, pero ante Mí, ¡oh! cómo decrece, tal vez se hará grande, pero no será jamás mi pequeña predilecta, a la cual, llevado de amor hacia ella porque se conserva como la he creado, la lleno de Mí y la hago la más grande, a la cual ninguno podrá igualar.  Esto hice con mi Mamá Celestial, entre todas las generaciones Ella es la más pequeña, porque no entró jamás su querer, como obrante en Ella, sino siempre mi Querer eterno, y esto no sólo la conservó pequeña, bella, fresca, como había salido de Nosotros, sino que la hizo la más grande de todos.  ¡Oh! cómo era bella, pequeña por sí misma, grande, superior a todos en virtud nuestra, y fue sólo por su pequeñez por lo que fue elevada hasta la altura de Madre de Aquél que la formó.  Así que, como ves, todo el bien del hombre es hacer mi Voluntad, todo el mal es hacer la suya; por esto para venir a redimir al hombre elegí a mi Madre, por pequeña; y por medio suyo me serví de Ella como canal para hacer descender sobre el género humano todos los bienes y los frutos de la Redención.

(5) Ahora, para hacer que mi Querer sea conocido, para abrir el Cielo y hacer descender mi Querer sobre la tierra y hacerlo reinar como en el Cielo, debía escoger otra pequeña entre todas las generaciones.  Siendo la obra más grande que quiero hacer:  ‘La reintegración del hombre a su principio de donde salió.’  Abrirle aquel Querer Divino que él rechazó, abrirle los brazos para recibirlo de nuevo en el seno de mi Voluntad, mi infinita sabiduría llama de la nada a la más pequeña.  Era justo que fuera pequeña, si a una pequeña puse a la cabeza de la Redención, a otra pequeña debía poner a la cabeza del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo en la tierra.  Entre estas dos pequeñas debía encerrar la finalidad de la creación del hombre, debía realizar mis designios sobre él; por medio de una debía redimirlo, lavarlo con mi sangre de sus fealdades, darle el perdón; por medio de la otra debía hacerlo regresar a su principio, a su origen, a la nobleza perdida, a los vínculos de mi Voluntad por él destrozados, admitirlo de nuevo a la sonrisa de mi Eterna Voluntad, a besarse juntas su voluntad con la mía y hacer vida una en la otra; era ésta la única finalidad de la creación del hombre, y a lo que Yo he establecido nadie podrá oponerse, pasarán siglos y siglos como en la Redención, así también en esto, pero el hombre regresará en mis brazos como fue creado por Mí.  Pero para hacer esto debo primero elegir a quien debe ser la primera que haga vida en mi Eterno Querer, vincular en ella todas las relaciones de la Creación, vivir con ella sin ninguna ruptura de voluntad, más bien la suya y la Nuestra siendo una sola, por eso la necesidad de que sea la más pequeña que Nosotros hayamos hecho salir en la Creación, para que viéndose tan pequeña huya de su querer, más bien lo ate tan estrechamente al nuestro para no hacer jamás el suyo, y si bien pequeña viva junto con Nosotros con aquel mismo aliento con el que creamos al hombre.  Nuestro Querer la conserva fresca, bella, y ella forma nuestra sonrisa, nuestro entretenimiento, y hacemos de ella lo que queremos.  ¡Oh! cómo ella es feliz, y gozando de su pequeñez y de su feliz suerte llorará por sus hermanos, y de nada más se ocupará que de rehacernos por todos y por cada uno, por todas las ofensas que nos hacen con sustraerse de nuestra Voluntad.  Las lágrimas de quien vive en nuestro Querer serán potentes, mucho más que ella no quiere sino lo que Nosotros queremos, y por medio suyo abriremos junto al primer canal de la Redención, el segundo del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra”.

(6) Entonces yo al oír esto he dicho:  “Amor mío y todo mío, dime ¿quién será esta pequeña afortunada?  ¡Oh, cómo quisiera conocerla!”

(7) Y Él rápidamente:  “¡Cómo!  ¿No has entendido quién es?  Eres tú mi pequeñita, te lo he dicho tantas veces que eres la pequeña, y por eso te amo”.

(8) Pero mientras esto decía me he sentido como transportar fuera de mí misma en una luz purísima, en la cual se veían todas las generaciones divididas como en dos alas, una a la derecha y otra a la izquierda del trono de Dios.  A la cabeza de una ala estaba la Augusta Reina Mamá, de la cual descendían todos los bienes de la Redención, ¡oh! cómo era bella su pequeñez, pequeñez maravillosa, prodigiosa, pequeña y potente, pequeña y grande, pequeña y Reina, pequeña y de su pequeñez ver depender a todos, disponer de todo, imperar sobre todos, y sólo porque pequeña envolver al Verbo en su pequeñez y hacerlo descender del Cielo a la tierra para hacerlo morir por amor de los hombres.  En la otra ala se veía a la cabeza a otra pequeña, – lo digo temblando y sólo por obedecer – era aquélla que Jesús había llamado su pequeña hija del Divino Querer, y mi dulce Jesús poniéndose en medio de estas dos alas, entre las dos pequeñas que estaban a la cabeza, ha tomado con una de sus manos la mía y con la otra la de la Reina Madre, y las ha unido juntas una y otra diciendo:

(9) “Mis pequeñas hijas, daos la mano ante nuestro Trono, abrazad entre vuestros pequeños brazos a la Eterna y Divina Majestad, solamente a vosotras es dado, por ser pequeñas, abrazar al Eterno, al Infinito y entrar dentro de Él, y si la primera pequeña arrancó al amor del Eterno la Redención, así la segunda, dando la mano a la primera, sea por Ella ayudada para arrancar al Eterno Amor el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra”.

(10) ¿Quién puede decir lo que sucedió?  Yo no tengo palabras para saberme explicar, sólo sé decir que he quedado más humillada y confundida, y casi como una niña caprichosa quería a mi Jesús para decirle mis temores, mis dudas, y oraba para que alejase de mí todas estas cosas, que el sólo pensarlas temía que fuera una refinada soberbia, y me diera la gracia de amarlo de verdad y cumplir en todo su Santísimo Querer.  Entonces mi siempre amable Jesús, regresando de nuevo se hacía ver dentro de mí, y mi persona servía como para cubrirlo dentro de mí, y sin dejarme hablar me ha dicho:

(11) “Pobre pequeña mía, ¿de qué temes?  Ánimo, soy Yo quien haré todo en mi pequeña hija, tú no harás otra cosa que seguirme fielmente, ¿no es verdad?  Tú tienes razón en que eres demasiado pequeña y no puedes nada, pero Yo haré todo en ti, ¿no ves cómo estoy en ti y tú no eres otra cosa que la sombra que me cubre?  Soy Yo que navegaré en ti los eternos e interminables confines de mi Querer, Yo que abrazaré todas las generaciones para llevarlas junto con tu sombra a los pies del Eterno, a fin de que las dos voluntades, la humana y la Divina se besen juntas, se sonrían y no más se vean entre ellas como extrañas, divididas y con ceño fruncido, sino que una se funda en la otra y se forme una sola.  Es la potencia de tu Jesús que esto debe hacer, tú no debes hacer otra cosa que adherirte.  Lo sé, lo sé, sé que tú eres nada y puedes nada, por eso te afliges, pero es la potencia de mi brazo que quiere y puede obrar, y me agrada obrar cosas grandes en los más pequeños.  Y además, la Vida de mi Voluntad ya ha estado sobre la tierra, no es del todo nueva, si bien fue como de pasada, estuvo en mi inseparable y querida Mamá; si la Vida de mi Voluntad no hubiera estado en Ella, Yo, Verbo Eterno, no habría podido descender del Cielo, me habría faltado el camino para descender, la estancia donde entrar, la humanidad para cubrir mi Divinidad, el alimento para nutrirme, me habría faltado todo, porque todas las demás cosas no son adecuadas para Mí.  En cambio, con encontrar mi Voluntad en mi querida Mamá, Yo encontraba mi mismo Cielo, mis alegrías, mis contentos; a lo más hice cambio de habitación, del Cielo a la tierra, pero de todo lo demás nada cambió, lo que tenía en el Cielo, en virtud de mi Voluntad poseída por Ella lo encontraba en la tierra, y por eso con todo amor ahí descendí a tomar en Ella humana carne.  Después mi Voluntad hizo Vida sobre la tierra en mi Humanidad, en virtud de la cual hice la Redención, no sólo eso, sino que en virtud de mi Voluntad me extendí sobre todo el obrar de las generaciones humanas, sellándolo con mis actos divinos, e impetré de mi Celestial Padre no sólo redimir al hombre, sino que a su tiempo entrara en la gracia de nuestra Voluntad, como cuando fue creado, para vivir según la finalidad querida por Nosotros, que una fuera la Voluntad del Cielo con la de la tierra.  Por tanto, ya todo fue hecho por Mí, el plano de la Redención y el del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, no habría sido obra digna de Mí si no hubiera rehabilitado en todo al hombre como fue creado, habría sido una obra a la mitad, no entera, y tu Jesús no sabe hacer obras incompletas, a lo más espero siglos para dar el bien completo preparado por Mí.  Entonces, ¿no quieres estar junto Conmigo para dar al hombre la obra que Yo completé con mi venida a la tierra?  Por eso sé atenta y fiel, no temas, te tendré siempre pequeña para poder completar mayormente mis designios sobre ti”.

 

 

16-33

Noviembre 28, 1923

 

La recién nacida de la Divina Voluntad.  La cruz del Querer Divino

fue la más grande para Jesús.  Cada acto opuesto de la voluntad

humana a la Divina era una cruz distinta para Jesús.

 

(1) Me siento siempre abismada en el Santo Querer de mi Jesús, y me parecía ver mi pequeña alma como una niña recién nacida, que el bendito Jesús hacía crecer en sus brazos con el aliento de su Querer, con un celo tal, que no quería que nada viera, que nada sintiera, que nada tocara, y para hacer que nada la distrajera la tenía absorta con el dulce encanto de sus enseñanzas sobre su Santísima Voluntad; y la pequeña recién nacida crecía y se nutría con el aliento del Querer de su Jesús, no sólo esto, sino me cubría con muchas pequeñas cruces de luz, de modo que mirándome, me veía en cada parte de mí misma impresa una cruz de luz, y Jesús se divertía, ahora con multiplicar estas cruces, y ahora con querer que estuviera fija, fija a mirarlo para numerar todas sus palabras, que me servían de alimento y de crecimiento.  Entonces mi Jesús me ha dicho:

(2) “La pequeña hija mía, mi recién nacida de la Divina Voluntad, mi Querer te concibió, te hizo nacer, y ahora con todo amor te hace crecer.  ¿No ves con cuánto amor te tengo en mis brazos y no permito que tomes otro alimento que el aliento de mi Voluntad?  Es la cosa más bella, más querida, más preciosa que hasta ahora ha salido fuera en la Creación:  La recién nacida de mi Voluntad.  Por eso te tendré custodiada con tal celo, que ninguno debe tocar a mi recién nacida; mi Voluntad será todo para ti:  ‘Te será vida, alimento, vestido, ornamento y cruz’, porque siendo Ella la cosa más grande, sería desdecible para tu Jesús hacer una mezcla de otras cosas que no sean parto de nuestro Querer, por eso olvida todo, para hacer que otras aguas no te circunden, ni dentro ni fuera, sino sólo el mar inmenso del Eterno Querer.  Quiero en ti el honor, la nobleza, el decoro de verdadera hija recién nacida de mi Voluntad”.

(3) Entonces, al oír esto, en lugar de alegrarme me sentía morir de confusión, y apenas he tenido el coraje de decir:

(4) “Jesús, amor mío, soy pequeña, es verdad, lo veo yo misma, pero también soy una pequeña mala, ¿sin embargo Tú dices todo esto?  ¿Cómo puede ser, acaso quieres burlarte?  Sé que muchos te hacen llorar, y para olvidar tu llanto quieres divertirte conmigo haciéndome estas burlas, y si bien yo siento la confusión de tus burlas, hazlas, y haz que sea la burla de tu Voluntad”.

(5) Y Jesús estrechándome más fuerte a Él, ha continuado diciendo:  “No, no, tu Jesús no se burla, me divierto, sí, y la señal cierta de que lo que te digo es verdad, son las cruces de luz con las cuales mi Querer te ha marcado.  Debes saber hija mía, que la cruz más grande, más larga, que nunca me dejó, para mi Humanidad fue la Voluntad Divina.  Es más, cada acto opuesto de voluntad humana a la Divina era una cruz distinta que el Supremo Querer imprimía en lo más íntimo de mi Humanidad, porque cuando la voluntad humana se mueve en la tierra para obrar, la Divina se mueve desde el Cielo para encontrarse con el querer humano y hacer de él uno solo con el suyo, para hacer correr torrentes de gracia, de luz, de santidad en aquel acto, y el querer humano no recibiendo el encuentro con el Divino, se pone en guerra con su Creador y rechaza a las regiones celestiales el bien, la luz, la santidad que estaban por llover sobre él.  Entonces el Querer Supremo, ofendido, quería la correspondencia de Mí, y en cada acto de voluntad humana me infligía una cruz, y si bien junto con la cruz recibía Yo todo el bien rechazado por ellas, para tenerlo en depósito en Mí para cuando la criatura estuviera dispuesta a recibir en sus actos el encuentro con la Divina, con todo esto no pude eximirme de sentir el dolor intenso de tantas cruces.  Mira en mi interior cuántos millones de cruces contenía mi Humanidad, por eso las cruces de mi Voluntad fueron incalculables, su dolor era infinito, y Yo gemía bajo el peso de un dolor infinito, este dolor infinito tenía tal poder, de darme la muerte a cada instante y darme cruz a cada acto opuesto de la voluntad humana a la Divina.  La cruz de mi Voluntad no es de madera, que hace sentir el solo peso y el dolor, sino es cruz de luz y de fuego que arde y consume, y se imprime en modo de formar una sola cosa con la misma naturaleza.  Si Yo quisiera decirte la cruz que me dio la Voluntad Divina, debería entrelazar todos los actos de las criaturas, hacértelos presentes y hacerte tocar con la mano como mi Querer, queriendo justa satisfacción, me infligía cruz sobre cruz.  ¿No había sido acaso una voluntad humana la que había ofendido y roto con la Divina?  Entonces una Voluntad Divina debía crucificar, adolorar mi naturaleza y voluntad humana, todo lo demás del hombre se puede llamar superficial; la fuente, la raíz, la sustancia del bien o del mal está en el fondo de la voluntad, por eso sólo la Voluntad Divina podía hacerme expiar el mal de tantas voluntades humanas.  He aquí por qué te quiero a ti toda en mi Voluntad, para hacer conocer qué cosa ha hecho esta Voluntad Divina, lo que me hizo sufrir y lo que quiere hacer; por eso estás marcada con tantas cruces de luz, porque tu cruz ha sido mi Voluntad, que todo ha cambiado en luz para disponerte a ser la verdadera recién nacida de mi Voluntad, a la cual confiaré los secretos, las alegrías, los dolores de Ella, como a hija fiel, que uniéndose a mis actos, abra los Cielos para hacerla descender a la tierra y hacerla conocer, recibir y amar”.

 

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16-34

Diciembre 4, 1923

 

Luisa no quiere ser conocida. Jesús le habla

de la necesidad de este conocimiento.

 

(1) Estaba pensando en lo que escribo acerca del Santísimo Querer de mi dulce Jesús.  Que el bendito Jesús quiera decir tantas cosas sublimes de su Santo Querer es justo, porque todo lo que se puede decir de Él, la altura, la grandeza, los prodigios, etc., todo está bien, es más, todo es poco frente a lo que se podría decir, pero ese entrelazar junto siempre a esta pobre alma mía no debería ser; su Voluntad es lo que debería hacer conocer, no a mí; mi pobre persona no debería existir, mucho más que toda la cosa es suya, no mía, a mí no me queda otra cosa que la confusión de lo que me dice; pero a pesar de todo esto la obediencia me obliga a escribir, no sólo sobre el Querer Divino, sino también sobre el entrelazamiento que hace de mí con su Voluntad.  Ahora, mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, y estrechándome a Él me ha dicho:

(2) “Hija mía, eres siempre mi recién nacida de mi Voluntad, y además tú te equivocas.  Quieres que hable de mi Voluntad y que la haga conocer, ¿y quien debe ser el canal, la portavoz, el instrumento para hacerla conocer no debe existir?  Si la cosa debiera quedar entre tú y Yo, tal vez podría ser así, pero como quiero que mi Voluntad tenga su Reino, y el Reino no se forma con una sola persona, sino con muchas y de diversas condiciones, por eso es necesario que no sólo se conozca mi Voluntad, los bienes que contiene, la nobleza de aquellos que querrán vivir en este Reino, el bien, la felicidad, el orden, la armonía que cada uno poseerá, sino también a aquélla que mi bondad ha escogido como origen y principio de tanto bien.  Con entrelazarte a ti junto con mi Voluntad, con elevarte sobre todas las cosas de la Creación, no significa otra cosa que dar más importancia, elevar más, dar más peso a mi Voluntad.  Cuanto más bueno es un rey, más santo, más rico, más magnánimo, más amante de sus súbditos, hasta llegar a dar su propia vida antes de dejar que toquen a uno que vive en su Reino, tanto más ese Reino es estimado y amado, y suscita en todos el deseo de vivir en aquel Reino, más bien hacen competencia para ver a quién le puede tocar tal fortuna; por lo tanto, del conocimiento del rey viene la buena marcha del Reino, su importancia.  Tú, al decir que no quieres estar entrelazada con mi Voluntad, quisieras un Reino sin el rey, la ciencia sin el maestro, las posesiones sin el patrón; ¿qué sería de este Reino, de esta ciencia, de estas posesiones?  ¿Cuántos desórdenes no habría, cuántas ruinas?  Y Yo no sé hacer cosas desordenadas, es más, la primera cosa en Mí es el orden.

(3) Mira, esto habría sucedido en la Redención si mi querida Mamá no hubiera querido hacer conocer que era mi Madre, que me había concebido en su seno virginal, que me nutrió con su leche; mi venida a la tierra, la Redención, serían increíbles y ninguno se habría plegado a creer y a recibir los bienes que hay en la Redención.  En cambio, con hacer conocer a mi Madre, quién era Ella, que la exenté de toda mancha, aún la de origen, que era un prodigio de la gracia, y cómo Ella amó como tiernos hijos suyos a todas las criaturas, y por amor de ellos sacrificó la Vida de su Hijo y Dios, la Redención tuvo mayor importancia y se hizo más accesible a la mente humana y se formó el Reino de la Redención con sus copiosos efectos.  Así que el entrelazar a mi Madre en la obra de la Redención no fue otra cosa que dar mayor importancia al gran bien que vine a hacer sobre la tierra.  Debiendo Yo ser visible a todos, tomar carne humana, debía servirme de una criatura de la raza humana, a quien debía sublimar sobre todos para cumplir mis altos designios.

(4) Ahora, si esto sucedió para formar el Reino de mi Redención sobre la tierra, así también, debiendo formar el Reino de mi Voluntad es necesario que se conozca otra criatura en la cual debe tener el origen, el principio, el verdadero reinar de mi Voluntad, quién es ella, cuánto la he amado, cómo la he sacrificado por todos y por cada uno, en una palabra, todo lo que mi Voluntad ha dispuesto y derramado en ella.  Pero al entrelazarte a ti es siempre mi Voluntad la que resalta, son caminos y medios para hacerla conocer; son atractivos, incentivos, luces, imanes para atraer a todos a venir a vivir en este Reino de felicidad, de gracia, de paz, de amor.  Por eso deja hacer a tu Jesús que tanto te ama, y no quieras afligirte, mucho menos preocuparte de cómo desarrollo el entrelazamiento de mi Voluntad contigo, y piensa sólo en seguir tu vuelo en los eternos confines de mi Supremo Querer”.

 

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16-35

Diciembre 6, 1923

 

La tarea de la Santísima Virgen, la tarea de Jesús y la tarea de Luisa

para hacer que venga el reino de la Divina Voluntad a la tierra.

 

(1) Estaba rezando, y mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior que me miraba fijamente, y yo, atraída por su mirada, lo miraba a Él hasta dentro de su interior, que me parecía como si fuera un cristal en el cual se podía ver todo lo que mi amado Jesús hacía, y yo uniéndome a Él trataba de hacer lo que Él hacía.  Otras veces me parecía que Jesús tomaba mi alma entre sus manos y la lanzaba al vuelo en la inmensidad de su Voluntad diciéndome:

(2) “La recién nacida de mi Voluntad; en mi Voluntad has nacido, en Ella quiero que vivas.  Vuela, vuela en el Eterno Querer, cumple tu oficio, mira que hay mucho qué hacer entre la Divinidad y las criaturas, gira por todas las generaciones, pero siempre en mi Querer, de otra manera no las encontrarás a todas, y amando, obrando, reparando, adorando por todos, te pondrás ante la Majestad Suprema para darle todo el amor, los homenajes de todos y de cada uno como verdadera hija primogénita de nuestro Querer”.

(3) Yo tomaba el vuelo y Jesús seguía con su mirada mi vuelo; ¿pero quién puede decir lo que hacía?  En su Querer encontraba todo el amor que su Voluntad debía dar a las criaturas, y no tomándolo ellas, estaba suspendido esperando que fuese tomado y yo lo hacía mío, e invistiendo a todas las inteligencias creadas, formaba por cada uno de los pensamiento un acto de amor, de adoración y de todo lo que cada inteligencia debía dar a Dios, y abrazando todo en mí, como si a todos los pusiera en mi regazo, tomaba el camino al Cielo para llevarlos al seno del Padre Celestial y le decía:

(4) “Padre Santo, vengo ante tu trono para traerte en mi regazo a todos tus hijos, tus queridas imágenes creadas por Ti, para ponerlos otra vez en tu seno divino, a fin de que aquella Voluntad, por ellos rota entre Tú y ellos, Tú la vincules y la anudes de nuevo.  Es la pequeña hija de tu Querer quien esto te pide, soy pequeña, es cierto, pero tomo la tarea de satisfacerte por todos, no me iré de tu trono si no me vinculas la voluntad humana con la Divina, y llevándola a la tierra, venga el reino de tu Querer a la tierra.  A los pequeños nada se les niega, porque lo que piden no es otra cosa que el eco de tu mismo Querer y de lo que quieres Tú”.

(5) Después regresaba con Jesús que me esperaba en mi habitación, y Él me recibía en sus brazos, me colmaba de besos y de caricias y me decía:

(6) “Pequeña mía, para hacer que el Querer del Cielo descienda sobre la tierra, es necesario que todos los actos humanos sean sellados y esmaltados de actos de Voluntad Divina, a fin de que el Supremo Querer, viendo que todos los actos de voluntad de las criaturas están marcados por la suya, atraído por el imán potente de su mismo Querer descienda a la tierra y reine en ella; a ti como hija primogénita de nuestro Querer te ha sido dada esta tarea.

(7) Debes saber que para atraer al Verbo y hacerlo descender del Cielo, mi Mamá tomó la tarea de girar por todas las generaciones, y haciendo suyos todos los actos de voluntad humana, Ella ponía en ellos el Querer Divino, porque tenía tanto de este capital de Querer Supremo, de sobrepasar todo lo que debían tener todas las criaturas juntas, y en cada giro que hacía multiplicaba este capital.  Entonces Yo, Verbo Eterno, viendo que la más fiel de nuestras criaturas con tanta gracia y amor había llenado todos los actos humanos con el Querer Divino, habiendo Ella tomado a pecho lo que se necesitaba para hacer esto, viendo que en el mundo estaba nuestro Querer, atraído descendí del Cielo.

(8) La segunda tarea me tocó a Mí para formar la Redención.  Cuánto debí girar por todos los actos humanos, tomarlos todos como en un puño y cubrirlos, sellarlos, esmaltarlos de mi Querer Divino, para atraer a mi Padre Celestial y hacerlo mirar todos los actos humanos cubiertos de aquel Querer Divino que el hombre había rechazado a las regiones celestiales, a fin de que mi Padre Divino pudiese abrir las puertas del Cielo, cerradas por la voluntad humana.  No hay bien que no descienda sino sólo por medio de mi Voluntad.

(9) La tercera es tuya.  Al primer y al segundo sello de nuestro Querer en todos los actos humanos, te toca a ti, como hija primogénita de nuestro Querer, poner el tercero para obtener que venga el Reino de mi Querer a la tierra, por eso gira hija mía en todos los actos humanos de las criaturas, penetra hasta dentro de los corazones, lleva a cada latido el latido de mi Querer, a cada pensamiento el beso, el conocimiento de mi Voluntad; en cada palabra imprime el Fiat Omnipotente, invade todo, envuelve a todos en Él, y así venga mi Reino a la tierra.  Tu Jesús no te dejará sola en estos giros, te asistiré y te guiaré en todo”.

(10) Y mientras esto decía, yo tomaba mi vuelo y giraba por todo y por todos; ¿pero quién puede decir lo que hacía?  Lo puede decir sólo Jesús que me lo hacía hacer.  Así he pasado toda la noche junto con Jesús, y mientras giraba, ahora le traía todos los pensamientos, ahora todas las palabras, ahora las obras, los pasos, los latidos, todos investidos por su Voluntad, y Jesús todo con amor recibía y hacía fiesta, y después me ha dicho:

(11) “Mira la gran diferencia que hay entre la santidad en mi Querer y la santidad de las otras virtudes, la primera es recibir a cada instante corrientes de gracia, de luz, de amor, y estar la criatura en cada acto suyo en orden con su Creador, por eso es la santidad que más se acerca a su Creador.  La segunda, la de las otras virtudes, es a tiempo y a circunstancia, cuando se presenta la ocasión de ejercitar ahora la paciencia, ahora la obediencia, ahora la caridad y otras, y si no se presentan ocasiones, las virtudes quedan interrumpidas y sin crecimiento, y no pueden recibir el bien que contiene la virtud en acto.  En cambio en la santidad de mi Querer no hay pausas ni interrupciones, mi Querer está siempre fijo en dardear a la criatura, ella lo puede recibir a cada instante, si respira, si piensa, si habla, si late, si se alimenta, si duerme, todo entra en mi Querer, y a cada instante puede llenarse de mi Voluntad con todos los bienes que Ella contiene”.

 

 

 

19-4

Marzo 6, 1926

 

Así como de la Mamá Celestial se supo la cosa más importante,

que el Hijo de Dios era Hijo suyo, así será de la hija de la Divina

Voluntad, sólo se sabrá lo más importante para hacerla conocer

a Ella.  El bien no conocido no tiene camino para comunicarse.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido, y tomándome la mano en la suya me atraía a Él en lo alto, entre el cielo y la tierra, y yo casi temiendo me estrechaba a Jesús, tomándome fuerte de su santísima mano, y queriendo desahogar con Él mi pena que tanto me oprime le he dicho:

(2) “Amor mío y vida mía, Jesús, tiempo atrás Tú me decías que querías hacer de mí una copia de mi Mamá Celestial, sin embargo de Ella casi nada se supo de los tantos mares de gracia con los que Tú a cada instante la inundabas, no dijo nada a ninguno, todo se lo reservó para Sí, ni el evangelio dice nada, sólo se sabe que fue tu Mamá y que dio al mundo al Verbo Eterno, a Ti, pero todo lo que pasó entre Tú y Ella de favores, de gracia, se los reservó todos para Sí misma.  Pero para mí quieres al contrario, quieres que manifieste lo que me dices, no quieres el secreto de lo que pasa entre Tú y yo.  Por eso estoy doliente, ¿dónde está entonces la copia que quieres hacer en mí de mi Mamá Celestial?”  Y mi dulce Jesús estrechándome fuerte a su corazón, todo ternura me ha dicho:

 

(3) “Hija mía, ánimo, no temas, así como fue de mi Mamá, que no se supo otra cosa que lo que fue necesario, que Yo era su Hijo y que por medio de Ella vine a redimir las generaciones humanas, y que fue Ella la primera en la cual Yo tuve mi primer campo de acciones divinas en su alma; todo el resto, de los favores, de los mares de gracias que recibió, quedó en el sagrario de los secretos divinos, sin embargo se supo la cosa más importante, más grande, más santa, que el Hijo de Dios era Hijo suyo, esto para Ella era el honor más grande y que la ponía por encima de todas las criaturas; por tanto sabiéndose lo más de mi Mamá, lo menos no era necesario.  Así será de mi hija, sólo se sabrá que mi Voluntad ha tenido su primer campo de acción divina en tu alma, y todo lo que es necesario para hacer conocer lo que respecta a mi Voluntad y cómo quiere salir en campo para hacer que la criatura regrese a su origen, cómo con ansia la espera en sus brazos, a fin de que no más haya división entre Yo y ella.  Si esto no se supiera, ¿cómo pueden suspirar este gran bien?  ¿Cómo disponerse a una gracia tan grande?  Si mi Mamá no hubiese querido hacer conocer que Yo era el Verbo Eterno e Hijo suyo, ¿qué bien habría producido la Redención?  El bien no conocido, por cuan grande sea, no tiene caminos para comunicar el bien que posee.  Y así como mi Mamá no se opuso, así la hija mía no se debe oponer a comunicar lo que respecta a mi Voluntad, todo el resto de los secretos, los vuelos que haces en mi Querer, los bienes que tomas, las cosas más íntimas entre Yo y tú permanecerán en el sagrario de los secretos divinos.  No temas, tu Jesús te contentará en todo”.

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