Una Nueva Evangelización.

Imagen de Mariu

“Una nueva evangelización” es la consigna del Papa y de los Obispos en los años conclusivos del siglo XX, en vistas del Tercer Milenio cristiano. “Nueva en el espíritu, en los métodos y en la expresión”…

Me permito añadir: Y NUEVA EN EL CONTENIDO. 
¿Nueva? 
“Queridos, no os estoy escribiendo con ésto un mandamiento nuevo, sino un precepto antiguo, que teneis desde el principio. El precepto antiguo es la palabra que ya habeis oído.
Por otra parte es también un mandamiento nuevo lo que os escribo, que se realiza en Cristo y en vosotros” (1ª Jn 2,7-8). 
¿Cuál es ese contenido antiguo, que ahora es nuevo? 
La palabra “Evangelio” literalmente significa “Buen anuncio” o “Buena noticia”. En este sentido hay dos evangelios: el que predicó Ntro. Señor al principio de su vida pública (“Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca”), lo mismo que decía el Precursor 1, y el otro predicado por los Apóstoles a partir de Pentecostés (“Jesucristo el Nazareno, que habeis crucificado, Dios Lo ha resucitado de entre los muertos, Lo ha constituido Señor… y en ningún otro  podemos salvarnos”) 2De ambos, el segundo se refiere a la Redención, ya realizada, llevada a cabo por Jesucristo, y es el Evangelio predicado hasta ahora por la Iglesia. Esta es la primera o “antigua” evangelización. Por el contrario, el primer anuncio, hecho por Jesucristo, se refiere a la venida del Reino, que aún tiene que venir, y es el mensaje de la segunda o “nueva” evangelización La buena nueva predicada por los Apóstoles era concerniente a Jesús, 
mientras que la que predicaba Jesús se refería al Padre. 
“Respecto a lo cual tendríamos muchas cosas que decir, pero difíciles de explicar, porque os habeis vuelto lentos para comprender. Pues mientras que el tiempo habría tenido que hacer ya de vosotros maestros en la fe, de nuevo teneis necesidad de que se os enseñen de nuevo las primeras nociones de la palabra de Dios, a tal punto que os habeis reducido a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Ahora bien, el que se alimenta todavía de leche, no puede tener experiencia de la palabra de justicia, porque es un niño. El alimento sólido es para hombres hechos, para los que se han acostumbrado con la experiencia a distinguir el bien del mal” (Hebreos, 5,11-14).
Conferencia del Padre Pablo Martín Sanguiao.
 

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