TEMA PARA INICIADOS

Imagen de Mariu
Interesante Artículo para quien esta iniciándose en los conocimientos de la DIVINA VOLUNTAD.


Una de las ideas más frecuentes cuando queremos aprender a vivir en la Divina Voluntad, es:  ¿Cómo hacer, si soy tan malo(a)?  ¿Cómo debo corregir mis defectos, mis pecados habituales, mis vicios, para poder entrar en el Reino?  Nos dejamos envolver una y otra vez en estas cuestiones, pensando que necesariamente debemos ser un dechado de santidad para llegar hasta la Divina Voluntad.  Ciertamente, Jesús repite continuamente que serán pocas las almas que vivan en su Voluntad, pero si, en primer lugar, fuera necesario el ser santo en orden a las virtudes, entonces debería decir que serán escasísimas las almas que lleguen a vivirla, y ciertamente no estaríamos entre ellas.

 

Interesante analizar la pedagogía de Jesús, Él habla no sólo para Luisa, habla para todos, y es a través de ella que nos responde a nuestras dudas; hay respuestas directas, como aquella en que dice que es tanto su amor, que llega a permitir la culpa en alguna alma que lo ama para estrecharla más fuertemente a Él, y para obligarla a hacer cosas mayores para su gloria. 

 

 Y continúa:  "Porque por cuanto más le doy, permitiendo la misma culpa, para enternecerme más de sus miserias y para amarla mayormente colmándola de mis carismas, tanto más la obligo a hacer cosas grandes por Mí; estos son los excesos de mi Amor.  (Recordemos el capítulo sobre las miserias, y qué son éstas)

 

Otras respuestas son algo indirectas, pero muy estremecedoras, pues nos dice que el pensamiento nos teje una red en la cual quedamos atrapados, y que si esta red la formamos con pensamientos sobre nosotros mismos, con nuestros pecados, costumbres, necesidades, etc., nos envolvemos cada vez más en ellos.  Pero si son pensamientos sobre Dios, pensamientos divinos, esto hace que la parte humana desaparezca, y quedamos envueltos en el ambiente divino.  Aquí es a donde debemos llegar,  para acercarnos cada vez más a Jesús.

 

Si todas nuestras acciones las hacemos por Dios y para agradarlo, la Gracia entra por todas partes a nuestra alma, como cuando en nuestra casa están abiertas las puertas, las ventanas, entonces la luz del sol entra por todas partes y se goza de su plenitud, así el alma, obrando de esa manera goza toda la plenitud de la luz divina.  Y si el alma corresponde, la luz aumenta hasta convertir en luz a la propia alma.

 

En segundo lugar llega la simplicidad en el obrar, pues para el alma simple no hay puertas para entrar en Jesús, puede entrar en Él por todas partes.  El alma simple es como la luz, y en ello se asemeja a su Creador.  Sólo en el alma simple no hay obstáculos para que entre a obrar la Gracia Divina, porque siendo luz la Gracia y el alma, fácilmente se unen, se transforman una en la otra.

 

Con lo anterior, dejamos que sea la Gracia la que actúe en nosotros, la que lidie con nuestros defectos, dejándonos libres para interesarnos en las cosas de Dios.

 

Por último recordemos que:  "Para entrar en el Divino Querer no hay caminos, ni puertas, ni llaves, porque éste se encuentra por todas partes, corre bajo los pies, a derecha, a izquierda y sobre la cabeza, por todas partes.  Para entrar, la criatura no debe hacer otra cosa que quitar la piedrecilla de su voluntad, pues si bien está en mi Querer, no toma parte ni goza de sus efectos, volviéndose como extraña en mi Querer, porque la piedrecilla de su voluntad impide a mi Querer correr en ella, igual que las aguas son impedidas por las piedras de las playas para correr por doquier.  Pero si el alma quita la piedra de su voluntad, en ese mismísimo instante ella corre en Mí y Yo en ella, y encuentra todos mis bienes a su disposición:  Fuerza, luz, ayuda, lo que quiere.  He aquí por qué no hay caminos, ni puertas, ni llaves, basta que quiera y todo está hecho, mi Querer toma el empeño de todo y de darle lo que le falta y la hace espaciar en los confines interminables de mi Voluntad".

 

He aquí un plan de trabajo para  esmerarnos en lo divino para quitarnos lo humano, dejar que sea real el intercambio de vida, que Él se ocupe de lo nuestro, y nosotros a ocuparnos de lo de Él.  Hagamos realidad la petición que continuamente  nos hace:  «Hazme hacer»

Fiat

Salvador