RESUCITÓ

Imagen de Mariu
Tanto en la Creación como en la Redención, Dios hizo primero las cosas menores como preparación de las mayores; éstas, como la Resurrección del Señor, son figura del Reino de su Divina Voluntad.

 

Las cosas mayores son hechas después de las menores, y son cumplimiento y corona de éstas. La Humanidad resucitada de Jesús, símbolo de quien vivirá en el Querer Divino.

 

 

 Y Jesús: “¡Ah! hija mía, la verdadera felicidad la lleva mi Voluntad, sólo Ella encierra todos los bienes en el alma, y haciéndose corona en torno al alma, la constituye reina de la verdadera felicidad; solamente ellas serán reinas de mi trono, porque son parto de mi Querer.

Tan es verdad esto, que aquella gente no fue feliz, muchos me vieron, pero no me conocieron, porque mi Querer no residía en ellos como centro de vida, por tanto, a pesar de que me vieron permanecieron infelices, y sólo aquellos que tuvieron el bien de recibir en sus corazones el germen de mi Querer, se dispusieron a recibir el bien de verme resucitado.

Ahora, el portento de mi Redención fue la Resurrección, –que más que refulgente sol coronó mi Humanidad, haciendo resplandecer aún mis más pequeños actos con un esplendor y maravilla tal, que hicieron quedar estupefactos a Cielo y tierra–, que será principio, fundamento y cumplimiento de todos los bienes, corona y gloria de todos los bienaventurados; mi Resurrección es el verdadero sol que glorifica dignamente a mi Humanidad, es el sol de la Religión Católica, es la verdadera gloria de cada cristiano; sin la Resurrección habría sido como el cielo sin sol, sin calor y sin vida.

Ahora, mi Resurrección es símbolo de las almas que formarán la santidad en mi Querer; los santos de los siglos pasados son símbolos de mi Humanidad, que si bien resignados, no han tenido actitud continua en mi Querer, por tanto no han recibido la marca del sol de mi Resurrección, sino la marca de las obras de mi Humanidad antes de la Resurrección, por eso serán muchos, casi como estrellas me formarán un bello ornamento al cielo de mi Humanidad, pero los santos del vivir en mi Querer, que simbolizarán mi Humanidad resucitada, serán pocos; en efecto, mi Humanidad antes de morir, fue vista por muchas turbas y multitudes de gentes, pero mi Humanidad resucitada la vieron pocos, solamente los creyentes, los más dispuestos, y podría decir que sólo aquellos que contenían el germen de mi Querer, porque si no lo hubieran tenido, les habría faltado la vista necesaria para poder ver a mi Humanidad gloriosa y resucitada, y por tanto ser espectadores de mi subida al Cielo.

 Ahora, si mi Resurrección simboliza a los santos del vivir en mi Querer, es con razón, porque cada acto, palabra, paso, etc., hecho en mi Querer es una resurrección divina que el alma recibe, es la marca de gloria que recibe, es un salir de sí para entrar en la Divinidad y esconderse en el refulgente sol de mi Querer, y ahí ama, obra, piensa; ¿qué maravilla entonces si el alma queda toda resucitada y fundida en el mismo sol de mi gloria y simboliza mi Humanidad resucitada? Pero pocos son los que se disponen a esto, porque las almas, en la misma santidad, quieren alguna cosa de bien propio; en cambio la santidad del vivir en mi Querer, nada, nada tiene de propio, sino todo de Dios, y para disponerse las almas a despojarse de los bienes propios, se necesita demasiado, por eso no serán muchos. Tú no eres del número de los muchos, sino de los pocos; por eso está siempre atenta a la llamada y a tu vuelo continuo”.  Abril 15, 1919 Vol. 12

 

La verdadera resurrección está en resurgir en el Querer Divino.

 

Después de esto continuaba mi giro en todo lo que hizo Nuestro Señor sobre la tierra, y me he detenido en el acto de la Resurrección.

¡Qué triunfo, qué gloria! El Cielo se volcó sobre la tierra para ser espectador de una gloria tan grande.

Y mi amado Jesús ha regresado y me ha dicho:

“Hija mía, en mi Resurrección venía constituido el derecho a todas las criaturas de resurgir en Mí a nueva vida, era la confirmación, el sello de toda mi Vida, de mis obras, de mis palabras, y confirmación de que si vine a la tierra fue para darme a todos y a cada uno como Vida que les pertenecía.

Mi Resurrección era el triunfo de todos y la nueva conquista que todos hacían de Aquél que había muerto por todos, para darles vida y hacerlos resurgir en mi misma Resurrección.

¿Pero quieres saber en donde consiste la verdadera resurrección de la criatura?

No al final de los días, sino mientras aún vive en la tierra; quien vive en mi Voluntad, ella resurge a la luz y puede decir:

‘Mi noche ha terminado.

’ Resurge en el Amor de su Creador, de modo que no existe más para ella el frío, las nieves, sino que siente la sonrisa de la primavera celestial.

Resurge a la santidad, la cual pone en precipitosa fuga a las debilidades, a las miserias, a las pasiones.

Resurge a todo lo que es Cielo, y si mira la tierra, el cielo, el sol, los mira para encontrar las obras de su Creador, para tener ocasión de narrarle su gloria y su larga historia de amor. Por eso quien vive en mi Querer, puede decir como dijo el ángel a las piadosas mujeres cuando fueron al sepulcro:

‘Ha resucitado, no está más aquí.’

Quien vive en mi Querer puede decir lo mismo: ‘Mi voluntad no está más conmigo, ha resucitado en el Fiat.’

Y si las circunstancias de la vida, las ocasiones, las penas, circundan a la criatura como buscando su voluntad, ella puede responder:

‘Mi voluntad ha resucitado, no la tengo más en mi poder, en sustitución tengo a la Divina Voluntad y con su luz quiero investir todo lo que me circunda: Circunstancias, penas, para formar en ellas tantas conquistas divinas.’

Quien vive en nuestro Querer encuentra la vida en los actos de su Jesús, y corre siempre en ella nuestra Voluntad obrante, conquistante y triunfante, y nos da tal gloria que el Cielo no la puede contener.

Por eso vive siempre en nuestro Querer, no salgas jamás de Él si quieres ser nuestro triunfo y nuestra gloria.” Volumen 36 abril 20 de 1938

 

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