Interesante Artículo del Dr. Salvador Tomassiny F. sobre la Navidad.

Imagen de Mariu

 

Navidad

20 de diciembre de 2013 a la(s) 14:28

Nuevamente estamos cerca de la Navidad, todo a nuestro alrededor cambia, algo flota en el ambiente que hace que todo mundo se sienta alegre, con más ánimo de ser amable, y en general se nota una gran actividad.  Luces por la ciudad, arbolitos adornados, campanas luminosas y multitud de foquitos multicolores colgados en las casas, nos anuncian que algo pasa; se palpa un ambiente de expectativa, una fiebre inmensa de dar, de regalar, de felicitar nos invade.  Y entre todo lo anterior sobresale una figura, la cual representa al causante de todo este ambiente, la figura de Santa Claus

 

Poquísimos son aquellos que se acuerdan de la verdadera causa de esta celebración, poquísimos son los que recuerdan el nacimiento de Jesús, y un número infinitamente menor lo conocen en verdad.  El interés mercantilista nos ha arrancado nuestra identidad, Jesús ya no es el centro, ¿quién se acuerda de Él?  ¿Para qué?  Lo único que importa es el ambiente de felicidad, los abrazos, el felicitar, el gastar dinero, las posadas, etc., etc., etc.

 

Sin embargo, el grito de un niño recién nacido invade el universo, un grito que representa todo el obrar de un Dios, la única motivación por la que el Ser Supremo obra.

 

«ámenme, ámenme..., he nacido para amar y para ser amado»

 

Este grito desesperado es de Jesús, que se vuelve eco de la necesidad absoluta de Dios mismo:  «Amar y ser amado»  Un grito dado ya desde antes de nacer, desde toda la eternidad, que hace eco en el seno materno, donde el amor divino devora la pequeña Humanidad que yace en él, dándole las ansias de volverse devorador de almas para apagar dicha necesidad, la cual sólo quedó satisfecha cuando Jesús nos concibe junto con Él en el seno de su Madre.  Nos concibe, pero junto con la multitud de nuestros pecados, de nuestras debilidades y pasiones, y las mismas satisfacciones que cada uno de nosotros debería haber dado al Padre Celestial, o sea, concibe toda su Pasión desde el mismo instante en que Él queda concebido.  Todo esto para cumplir la finalidad secundaria de su venida a la tierra, REDIMIRNOS, y esto último, como necesidad absoluta para la finalidad principal, restituirnos al punto de origen, al Adán inocente.  ¿Por qué?  ¿Para qué? Porque le somos necesarios.

 

¿Necesarios?  Por supuesto, pues Dios quiere repetir su misma Vida, para eso fuimos creados, para ser el receptáculo de dicha Vida y llevarla a cabo, pues la Divina Voluntad no puede formar desde el Cielo, ni fuera de la criatura su Vida, sino que debe descender dentro de ellas, y la voluntad humana debe ceder el puesto a la Divina, para que se cumpla el prodigio más grande que ha existido, REPETIR LA VIDA DIVINA.

 

Tratemos de ver más de cerca el significado de la Navidad desde la perspectiva de Dios, no del hombre. ¿Qué significa esta fecha para la Divinidad?  Oigamos a Jesús:

 

"Mi nacimiento en el tiempo fue el desahogo de amor de la Santísima Trinidad hacia las criaturas". Desahogo de amor de la Santísima Trinidad, hermosísima definición, pero ¿qué quiere decir un desahogo de Dios?

La palabra desahogo, según el Diccionario de la Lengua Española quiere decir:  Alivio de la pena, trabajo o aflicción; ensanche, dilatación.  Así que podemos decir que es el canal o medio por el cual Dios da salida a todo lo que tenía reprimido en Sí mismo, y que le causaba pena o aflicción. Pero esto que tenía en su interior estaba, o mejor dicho, está dirigido al ser humano. Ahora ¿que desahoga?

 

El Padre da salida a la Vida Divina, junto con todos los bienes que sacó de Sí para cada una de las criaturas, y que hasta ahora no ha podido depositar en ellas.  Ciertamente se vio pagado en su Hijo, pero no en nosotros, y el nacimiento de Jesús representa el canal a través del cual puede aliviar esa opresión que lo consumía.

 

El Hijo desahoga todo lo que vivió por, y para nosotros, pues es el punto de partida de su obrar en el mundo, el llevar a cabo todo lo que el Padre le había encomendado hacer hacia nosotros, pues la encarnación del Verbo es la única manera de unir lo humano a lo Divino. Por lo que no sólo la Redención, nuestra salvación, sino el vivir nuestra Vida Divina, inocente antes del pecado original, para dejarla en su Voluntad esperando a sus dueños (nosotros), que cuando sacados a la luz del mundo la tomáramos y volviéramos realidad lo que el Padre deseó desde toda la eternidad.

 

El desahogo del Espíritu Santo consiste en llevar a cabo esta acción, pues es Él el fecundador de Vida Divina en la criatura.  Fecundó en primer lugar a María, en Ella su obra tuvo TOTAL realización, pues fecundo al mismo Verbo encarnado; en segundo lugar fecunda a Isabel y a su hijo Juan, pero no fue obra completa, al igual que en los apóstoles y de ellos en adelante en toda la humanidad, pero ha sido un desahogo parcial, por no decir mínimo.  Ahora es el tiempo en que se hará nuevamente TOTAl, en los hijos de la Divina Voluntad, en ellos su obra tendrá cabal cumplimiento.

 

Por todo esto, el nacimiento de Jesús es ese torrente de desahogo Trinitario, y los receptores somos nosotros, por lo que somos quienes pueden hacer realidad su alivio, o quienes podemos, a pesar del nacimiento de Jesús, dejar inútil todo el obrar divino.

 

Vuelve a decir:  "Hija mía, mi nacimiento en el tiempo fue el renacimiento de mi Divina Voluntad en mi Humanidad".

 

Condición indispensable para renacer es haber muerto, por lo que podemos entender que una Voluntad Divina renace después de haber muerto en la criatura, por causa de la mala voluntad de ésta.  ¿Cuánto dolor, cuánta pena no habrá sentido la Divinidad al ver a su misma Voluntad, a su Vida, muertas para la criatura?  Por ende, la gloria y felicidad al verla renacer, ¿dónde?  En la Humanidad del Verbo.  Pero nuevamente somos nosotros los que podemos dar o no esta facilidad, sin embargo su nacimiento marca el inicio del trabajo.

 

Bueno, ahora entendemos lo que el nacimiento de Jesús significa para la Trinidad Santísima; pero lo que debemos llegar a entender es que este nacimiento no debe quedar estático en el tiempo, debe ser un nacimiento que al igual que todo lo que Dios obra, tenga la potencia comunicadora, bilocadora y repetidora, por lo que sin esto, aunque haya nacido en Belén hace 2000 años, para Dios seguirá sin haber nacido.  Debemos hacerlo nacer en nosotros, y esto es facilísimo, veamos:

 

“Hija mía, el hacerme nacer es la cosa más fácil, mucho más que Nosotros no sabemos hacer cosas difíciles, nuestra potencia facilita todo; con tal que la criatura viva en nuestro Querer, todo está hecho.  En cuanto quiere vivir de Él, forma la habitación a tu pequeño Jesús; conforme quiere dar principio a hacer sus actos, así me concibe, y conforme cumple su acto me hace nacer; conforme ama en mi Querer, me viste de luz y me calienta de las tantas frialdades de las criaturas; y cada vez que me da su voluntad y toma la mía, Yo me entretengo y formo mi juego y canto victoria por haber vencido al querer humano, me siento el pequeño Rey vencedor. 

He aquí, someramente expresado el significado de la Navidad. Fiesta que se celebra una vez al año, pero que Jesús nos dice que debe ser continua, y no una celebración, sino una realidad en cada uno de nosotros, oigamos:

 

(4) “Hija mía, para quien hace mi Voluntad siempre es Navidad; en cuanto el alma entra en mi Querer Yo quedo concebido en su acto; conforme va cumpliendo su acto, Yo desarrollo mi Vida; cuando lo termina, Yo resurjo y el alma queda concebida en Mí, desarrolla su vida en la mía y resurge en mis mismos actos.  Entonces, mira, las fiestas navideñas son para quien una vez al año se prepara, se pone en gracia, por lo tanto siente en sí algo de nuevo de mi nacimiento; pero para quien hace mi Voluntad siempre es Navidad, renazco en cada acto suyo. ¿Así que tú quisieras que Yo naciera en ti una vez al año?  No, no, para quien hace mi Voluntad, mi nacimiento, mi Vida, mi muerte y mi Resurrección deben ser un acto continuado, nunca interrumpido, de otra manera, ¿cuál sería la diferencia, la desmedida distancia con las otras santidades?” (16-37)

 

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