"El camino se inicia con el Conocimiento", Dr. Salvador Tomassiny

Imagen de Mariu

 

Jesús nos va abriendo un panorama diferente. Una santidad sin fronteras, sin la limitación de la naturaleza humana, donde la criatura se expande no en los límites de la materia, sino que rebasando su propia naturaleza, se interna en el ámbito del espíritu, no el espíritu humano creado, sino en el espiritual divino, en la potencia e infinitud de Dios, haciendo junto con el Creador lo que Él hace.

 

Todo esto se encuentra al alcance de la criatura, Dios ha decidido abrirnos sus secretos, y cuando Él habla es que quiere hacernos don de los bienes que su palabra contiene, jamás manifiesta una verdad, sino cuando quiere hacer don de ella, dando la vida y el bien que esa verdad contiene.

 

El trabajo de la Divina Voluntad ya se hizo realidad, sólo basta el de la criatura. Lo primero que deberá hacer es conocer dichas verdades, y éstas se encargarán de formar tantos dulces encantos, que la criatura, sorprendida, quedará conquistada e investida por la luz del eterno Querer, porque no se necesita otra cosa para que venga su reino, que el que las dos voluntades se besen, que una se pierda en la otra, la Divina para dar y la humana para recibir.

 

Este perderse la una en la otra se lleva a cabo por el “Amor”. Dios ama a tal grado a su criatura, que está dispuesto a darle su propia Vida, a ponerse a su disposición, y gracias a la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús, conocemos de lo que es capaz este amor divino, pero desafortunadamente no es capaz de transformar al hombre, siendo él mismo quien deberá hacerlo, quien deberá decidir aceptar el trato que se le propone.

 

¿Qué necesitamos entonces para lograrlo? Llegar al amor, más bien, transformarnos en amor, pues sólo el amor es lo que transforma al alma en Dios y la forma una sola cosa con Él. Así que sólo el amor es lo que triunfa sobre todas las imperfecciones humanas, el único que consume lo que impide que el alma llegue a tomar Vida Divina en Dios, las otras virtudes, por cuan altas y sublimes sean, hacen siempre distinguir a la criatura y al Creador.

 

Ya conocemos el camino, camino que inicia con el conocimiento, continúa con la confianza, la cual, sin el conocimiento es imposible lograrla. Una vez conseguida ésta, el siguiente paso es el amor por el ser conocido al cual se le brindó toda la confianza.

 

Aparentemente ahí termina la labor de la criatura, pero, si esto fuera verdad, ¿qué sucedería? Veamos:

 

1.- Si el conocimiento de Dios se quedara solamente en la inteligencia, lo que sucedería es que tendremos un soberbio espiritual.

 

2.- Si lograra pasar al sentimiento (corazón) y se quedara ahí, se habría formado entonces un fanático.

 

Por lo que tanto el conocimiento como el sentimiento se deben transmitir  a la voluntad, para hacer de ello vida, sucediendo entonces que todo lo divino se transforma en naturaleza de la criatura, recibiendo en sí al Todo que es Dios, el cual transformará la nada de la criatura.

 

Dice Jesús: “Hija mía, el Amor quiere encontrar a las almas liberadas de todo, de otra manera no puede vestirlas con el vestido del amor, sucedería como a alguien que queriendo ponerse un vestido lo encuentre lleno de estorbos por dentro, por lo tanto no se lo puede poner, quiere sacar un brazo y encuentra un estorbo, así que el pobrecito, o debe dejar de intentarlo o hace el ridículo. Así el Amor, cuando quiere vestir al alma de Sí, si no encuentra al alma escombrada de todo, amargado se retira”.

 

Despojados de todo acerquémonos con la voluntad, y así Él podrá realizar el más grande milagro que la potencia divina puede llegar a realizar:

 

(3) Y deteniéndose un poco ha agregado: “La mira que tengo sobre ti no es de cosas prodigiosas, y de tantas otras cosas que podría obrar en ti para mostrar mi obra, sino que MI MIRA ES ABSORBERTE EN MI VOLUNTAD Y HACERTE UNA SOLA COSA CON ELLA, Y HACER DE TI UN EJEMPLAR PERFECTO DE UNIFORMIDAD DE TU QUERER CON EL MÍO. ESTE ES EL ESTADO MÁS SUBLIME, ES EL PRODIGIO MÁS GRANDE, ES EL MILAGRO DE LOS MILAGROS LO QUE DE TI QUIERO HACER. (3-73)

 

Para recibir los beneficios de la presencia de

Jesús, hay que acercarse a Él con la voluntad.

 

(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto el bendito Jesús ha venido me ha dicho:

 

(2) “Hija mía, Yo estoy con las almas, dentro y fuera, pero ¿quién experimenta los efectos? Quien se acerca con su voluntad a la mía, quien me llama, quien reza, quien conoce mi Poder y el bien que puedo hacerle, de otra manera sucede como a aquél que tiene agua en su casa pero no se acerca para tomarla y beber, a pesar de que está el agua no goza del beneficio del agua y arde por la sed; así si siente frío, y a pesar de que hay fuego no se acerca a él para calentarse, no gozará el beneficio del calor, y así de todo lo demás. ¡Cuál no es mi desagrado, que mientras quiero dar no hay quien tome mis beneficios!” (11-36)

 

En estas pocas palabras se han encerrado prodigios inauditos. Se requiere constancia y mucha Fe para conseguir su posesión, y sobre todo NINGUNA REFLEXIÓN SOBRE SÍ MISMO.

 

11-35

 

Las reflexiones, las preocupaciones sobre sí

mismo, aun sobre el bien, para quien

ama a Dios son tantos vacíos que forman al amor.

 

(1) Estaba diciendo a mi siempre amable Jesús: “Mi único temor es que Tú me pudieras dejar, retirándote de mí”.

 

(2) Y Jesús: “Hija mía, no puedo dejarte porque tú no haces ninguna reflexión sobre de ti misma, ni tomas ningún cuidado de ti; las reflexiones, los cuidados personales aun sobre el bien, para quien me ama de verdad son tantos vacíos que forma al amor, por lo tanto mi Vida no llena toda, toda el alma, estoy como al margen, en un rincón y me dan así ocasión de darme mis escapadas; en cambio quien no es llevado a las reflexiones de los cuidados propios, y piensa sólo en amarme, y toma cuidado sólo de Mí, Yo lo lleno todo, no hay punto de su vida en que no encuentre la mía, y queriendo darme mis escapadas debería destruirme a Mí mismo, lo cual no puede ser jamás.

 

(3) Hija mía, si supieran las almas el mal que hacen las reflexiones propias, encorvan al alma, la abajan, la hacen tener el rostro vuelto hacia sí mismas, y mientras más se miran más humanas se vuelven, más reflexionan, más sienten las miserias y más empobrecen, en cambio el solo pensamiento de Mí, en amarme, en estarse toda abandonada en Mí, hace recta al alma, y con tener el rostro dirigido a mirarme sólo a Mí, se elevan y crecen; más me miran más divinas se hacen, mientras más reflexionan sobre Mí más se sienten ricas, fuertes y valerosas”.

 

(4) Después ha agregado: “Hija mía, las almas que están unidas con mi Querer y que me hacen hacer mi Vida en ellas y piensan sólo en amarme, están unidas Conmigo como los rayos al sol; ¿quién forma los rayos? ¿Quién les da vida? El sol; si el sol no pudiera formar los rayos no podría extender su luz ni su calor, así que los rayos ayudan al sol a hacer su curso y lo embellecen de más. Así Yo, sólo por medio de estos rayos que forman una sola cosa Conmigo, me extiendo sobre todas las regiones y doy luz, gracia, calor, y me siento más embellecido que si no los tuviera.

 

(5) Ahora, ¿se podría preguntar a un rayo de sol cuántos caminos ha hecho, cuánta luz, cuánto calor ha dado? Si tuviera razón respondería: “No me quiero ocupar de esto, lo sabe el sol y basta; pero si hubiera otras tierras a las cuales dar luz y calor los daría, porque el sol que me da vida, a todo puede llegar”. Y si el rayo quisiera reflexionar, volverse hacia atrás a lo que ha hecho, perdería su curso y se oscurecería. Así son mis almas amantes, son mis rayos vivientes, no reflexionan sobre lo que hacen, estarse en el Sol Divino es toda su intención, y si quisieran reflexionar les sucedería a ellas como al rayo del sol y mucho perderían”.

Etiqueta: