Breve reflexión sobre el pecado original

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Breve reflexión sobre el pecado original

 

Después de haber recorrido los pasos que Dios dio para llevar a cabo la creación del alma de nuestra Madre Santísima, volviéndola Inmaculada, criatura llena de dones inimaginables, pero quizá el que más llame la atención es el haber quedado sin la mancha de origen, vamos a intentar hacer una pequeña reflexión acerca de este don:

 

Lo primero es dejar en claro que cuando decimos Inmaculada, no estamos tratando de decir que se refiere simplemente a que no tiene pecado original, pues esto nos pone en un dilema, ¿cuál?

 

La palabra pecado nos indica una acción consciente, llevada a cabo libremente, y que se opone a Dios. Además, ya Jesús nos indicó que éste no radica en el cuerpo, sino en el alma, en la voluntad que es la que decide, por tanto debemos preguntarnos: ¿si Dios crea el alma, debemos decir que la crea manchada? Sería casi una blasfemia pensarlo, sería como si dijéramos que nos crea para pecar, y sentenciara, pero ay de ti si pecas. Un Dios maquiavélico, ¿no les parece?

 

Adán faltó a la orden divina, ciertamente, pero ¿podremos heredar su pecado todos sus descendientes? Existen opiniones a favor, aduciendo lo expresado en Ex: 20-5, 34-7, Núm: 14:8, Deut: 5-9.  Sin embargo tendríamos que hacer un examen minucioso del entorno que motivó dicha sentencia, situarnos en el tiempo y espacio en que fue expresada, pues como dice un querido sacerdote: «un texto sin contexto, es un pretexto» No es el momento para introducirnos en esta búsqueda, pero debemos expresar lo siguiente, y que tiene más valor aún para desmentir el hecho de que heredamos el “pecado” de nuestro primer padre.

 

Existe un axioma que dice: Una verdad revelada no puede contradecir a otra verdad revelada, pues las dos son reveladas por el Espíritu Santo, y Éste no puede contradecirse. (Analogía Fidei) y si leemos el capítulo 18 del profeta Ezequiel, veremos cómo contradice en absoluto las citas anteriores, dejando perfectamente establecido que los hijos no heredarán, mucho menos pagarán por los pecados de los padres o de los ancestros más lejanos.

 

Dada la importancia de este pasaje, lo pongo a continuación:

 

Eze 18:1  Me habló nuevamente el Señor, diciendo:

Eze 18:2  ¿Cómo es que entre vosotros, en tierra de Israel, “habéis convertido en proverbio este dicho: Los padres comieron uvas agrias, y los hijos sufren la dentera? “

Eze 18:3  Juro yo, dice el Señor Dios, que esta parábola no será ya más para vosotros un proverbio en Israel.

Eze 18:4  Porque todas las almas son mías; como es mía el alma del padre, lo es también la del hijo. El alma que pecare, ésa morirá.

Eze 18:5  Y si un hombre fuere justo, y viviere según derecho y justicia;

Eze 18:6  si no celebrare banquetes en los montes, ni levantare sus ojos hacia los ídolos de la casa de Israel; si no violare la mujer de su prójimo, ni se acercare a su propia mujer en el tiempo de su menstruación,

Eze 18:7  y no ofendiere a nadie; si volviere la prenda al deudor; si no tomare nada ajeno a la fuerza; si partiere su pan con el hambriento, y vistiere al desnudo;

Eze 18:8  si no prestare a usura, ni recibiere más de lo prestado, si no obrare la maldad, y sentenciare justamente sin distinción de personas;

Eze 18:9  si arreglare su proceder a mis mandamientos, y observare mis leyes para obrar rectamente, éste tal es varón justo, y tendrá vida verdadera y feliz, dice el Señor Dios.

Eze 18:10  Pero si él tiene un hijo, el cual sea ladrón y homicida, o cometa otras maldades;

Eze 18:11  y que lejos de hacer cosa buena, celebre banquetes en los montes de los ídolos, y viole la mujer de su prójimo;

Eze 18:12  ofenda al desvalido y al pobre, robe lo ajeno, no devuelva la prenda, levante sus ojos hacia los ídolos, cometa abominaciones;

Eze 18:13  dé a usura y reciba más de lo prestado: ¿Acaso ése vivirá? No vivirá. Habiendo hecho todas estas cosas tan detestables, morirá sin remedio: Su sangre caerá sobre él.

Eze 18:14  Y si éste tuviere un hijo, que viendo todos los pecados que su padre ha cometido entrare en temor, y no lo imitare en ellos;

Eze 18:15  si no celebrare banquetes en los montes, ni levantare sus ojos hacia los ídolos de la casa de Israel, y no violare la mujer de su prójimo;

Eze 18:16  si no ofendiere a nadie, ni retuviere la prenda, ni robare lo ajeno; si diere de su pan al hambriento, y vistiere al desnudo;

Eze 18:17  si no hiciere ningún agravio al pobre, ni recibiere usura, ni interés; si observare mis leyes, y anduviere según mis preceptos, éste no morirá por causa de la iniquidad de su padre, sino que vivirá felizmente.

Eze 18:18  Su padre, por haber sido un calumniador y opresor de su prójimo, y por haber obrado la maldad en medio de su pueblo, murió en pena de su iniquidad.

Eze 18:19  Y vosotros decís: ¿Por qué motivo no ha pagado el hijo la pena de la iniquidad de su padre? Por esto, porque el hijo ha obrado según la ley y según la justicia; él ha observado todos mis mandamientos, y los ha cumplido; y por lo mismo tendrá vida verdadera y feliz.

Eze 18:20  «El alma que pecare, ésa morirá. No pagará el hijo la pena de la maldad de su padre, ni el padre la de la maldad de su hijo: La justicia del justo sobre él recaerá, y la impiedad del impío sobre el impío caerá».

Eze 18:21  Pero si el impío hiciere penitencia de todos los pecados que ha cometido, y observare todos mis preceptos, y obrare según derecho y justicia, tendrá vida verdadera, y no morirá.

Eze 18:22  De todas cuantas maldades haya él cometido, yo no me acordaré más; él hallará vida en la virtud que ha practicado.

Eze 18:23  ¿Acaso quiero yo la muerte del impío, dice el Señor Dios, y no antes bien que se convierta de su mal proceder, y viva?

Eze 18:24  Pero si el justo se desviare de su justicia, y cometiere la maldad según las abominaciones que suele hacer el impío, ¿por ventura tendrá él vida? Todas cuantas obras buenas había él hecho, se echarán en olvido; por la prevaricación en que ha caído y por el pecado que ha cometido, por eso morirá.

Eze 18:25  Y vosotros habéis dicho: La conducta que observa el Señor no es justa. Escuchad, pues, oh hijos de Israel: ¿Acaso es el proceder mío el que no es justo, y no son más bien perversos vuestros procederes?

Eze 18:26  Porque cuando el justo se desviare de su justicia y pecare, por ello morirá: Morirá por la injusticia que obró.

Eze 18:27  Y si el impío se apartare de la impiedad que obró, y procediere con rectitud y justicia, dará él mismo la vida a su alma;

Eze 18:28  porque si él entra otra vez en sí mismo, y se aparta de todas las iniquidades que ha cometido, tendrá verdadera vida y no morirá.

Eze 18:29  Y dicen los hijos de Israel: No es justa la conducta que tiene el Señor. ¿Acaso es la conducta mía la que no es justa, ¡oh casa de Israel!, y no son antes bien depravados vuestros procederes?

Eze 18:30  Por tanto, yo juzgaré, dice el Señor Dios, ¡oh casa de Israel!, a cada cual según sus obras. Convertíos y haced penitencia de todas vuestras maldades; y no serán éstas causa de vuestra perdición.

Eze 18:31  Arrojad lejos de vosotros todas vuestras prevaricaciones que habéis cometido, y formaos un corazón nuevo y un nuevo espíritu. ¿Y por qué has de morir, oh casa de Israel?

Eze 18:32  Y pues yo no deseo la muerte de aquel que muere, dice el Señor Dios, convertíos y viviréis.

 

Siendo esto así, volvamos a nuestra Madre. Su alma creada por Dios, por fuerza es perfecta, libre de toda mancha.

 

El cuerpo, nunca se salió del orden creado por Dios, cuando menos así nos lo afirma Jesús. Pero nos dice Él, que su alma fue preservada del contagio, ¿de cuál? El contagio del germen (características que debe tener el hombre, su perfección para ser lo que es) humano. Es éste el que, al unirse alma y cuerpo transmite dicha “falta”.

 

Y así es, con toda intención se puso la palabra “falta”, pues en eso consiste nuestra herencia, no en un “pecado”, sino en las consecuencias del pecado de Adán. Él recibió en su creación vida humana y voluntad humana, Vida divina y Voluntad divina, las que no pudo conservar por su alejamiento voluntario de Dios, pues esto es el pecado. Como había sido un don gratuito, el don más grande que ser humano pueda recibir (la participación del Ser, Naturaleza, Vida, Bondad, potencia, Sabiduría, etc., divinas), no pudo recuperarlo, por lo que su germen humano quedó sin dicho don, y por eso, en el instante de la unión del alma y cuerpo, no se hereda esta Vida y Voluntad divinas, puesto que ya no la tiene, heredando solamente lo que quedó de naturaleza humana.

 

De lo anterior se concluye que la palabra pecado original no significa presencia de pecado, sino «AUSENCIA DE VIDA Y VOLUNTAD DIVINAS», con lo que queda en claro que Dios no crea un alma manchada, que el cuerpo no tiene ninguna culpa, sino que es el germen de nuestra familia el que se encuentra carente de la participación divina. Es por eso que el bautismo “perdona” este “pecado”, pues es el volver a injertarnos en Jesús, y con esto adquirimos la Vida divina, y ahora en la actualidad estamos en la posibilidad de adquirir la otra parte, o sea la Voluntad divina, con la que haremos obrante a la Vida recibida. Nuestra Madre, al ser Inmaculada, está llena de Vida y Voluntad divinas.

 

Nos dice Jesús que para darle esta participación, le fue puesta la prueba en aquel mismo instante de la creación de su alma. Le fue mostrada la forma en que había sido creado el ser humano, también le fue manifestado todo el mal que la voluntad humana había ocasionado, y cuál era el único remedio para salvarlo y restituirlo al punto de origen.

 

Fue entonces, cuando vio el mal ocasionado, que tuvo horror de su voluntad humana y no la quiso conocer, entregándola al Padre. Como esta decisión fue tomada en la eternidad, tiene el don de la inmutabilidad, o sea no cambiará jamás, y por eso le es dado lo que se había perdido.

 

De todo lo anterior sacamos varias verdades:

 

1.- Necesario conocer el Bien (Dios y sus obras), y el mal (voluntad humana y sus obras)

 

2.- Una decisión firme de no conocer nuestra voluntad, adquiriendo la Divina, y de esta forma volver inmutable nuestra decisión.

 

3.- Al hacerlo, a la Vida Divina recibida en el bautismo, se agrega la Voluntad Divina, la que vuelve «realmente viviente y obrante» a Jesús en nosotros.

 

Y, por conclusión lógica, en ese momento la criatura se vuelve inmaculada.

 

¡ Fabuloso ¡

 

Dr. Salvador Tomassiny Frias.

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